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Su culo en mi cara

Me metí desnuda a su cama. Yo me acosté boca arriba. Él en cambio se sentó de costado, con el culo a la altura de mi cara. Mientras charlaba pude ver que se había quitado los calzoncillos. Movió lentamente el culo acercándolo a mi boca.

–A mí me gusta que las mujeres me chupen el culo- me dijo. Y fue arrimando su culo más cerca de mi cara. Yo permanecía quieta, fascinada por ese culo que ocupaba toda mi visión. -¿Te gustaría lamerme el culo?- preguntó. Sorprendida por la firmeza de su tono de voz, solo atiné a murmurar –sí, claro- -Así me gusta, putica- y levantando la pierna me puso el culo en la cara, el ano a la altura de mi boca.

-Ahora dale a la lengua, zorra, méteme la lengua, lámeme el culo- Y empezó a mover el culo contra mi cara. Yo saqué la lengua y comencé a lamerlo con pasión, metiendo y sacando la lengua de su culo, mientras él lo movía sobre mi cara.

- Voy a dejarte entrar un poco de aire para que no te me vayas a morir-.

Cuando me besan y lamen el culo tan rico como lo estás haciendo no puedo contenerme y te lo aprieto duro contra la cara y te puedo cortar la respiración. Agárrame el culo con ambas manos y bésalo!. Me dijo ¡Qué placer me dio ese hombre! Que sabroso! Pensé yo.¡Mi lengua le recorría el culo de arriba abajo, y se lo besaba como si estuviera hipnotizada!-

Estaba fascinada. Yo estaba dispuesta a volver a chuparle ese culo cada vez que me dijera. –¡Así, putica! ¡méteme la lengua! ¡Y besámelo, chupámelo!- y seguía removiendo el culo contra mi cara y mi boca. Cada tanto lo levantaba un poco para dejarme respirar. -¿Te gusta el olor?¿ Te voy a refregar este culo en la cara para que conozcas lo que es complacer a tu amo- Me gustaba su olor. Y también el sabor... -¡¡¡Qué rico, papito!!! ¡Chuparle el culo me arrecha mucho, le dije! ¡Me gusta cuando tengo la cabeza entre las piernas de un hombre- Me gusta dominar a la mujer y obligarla a que haga lo que yo quiera! Me gusta cuando la domino y la obligo a chuparme el culo y la polla! Era lo que él decía y me hacía.¡ Mi clítoris se puso rígido. Yo chupaba y chupaba. De pronto me cogió del pelo y me acercó mi boca a sus huevos. Fui limpiando sus pelos. Abrió las piernas ampliamente, ofreciéndome sus pelotas desfachatadamente. Sus pelotas eran corrugadas pero suaves y acariciaban mis mejillas. El olor que salía de sus genitales me embriagaba. Una vez que tuve sus huevas dentro de mi boca comencé a pasarles la lengua y a ensalivarlas. Todo esto ocurría en silencio, con sólo el ruido de nuestras respiraciones y jadeos.

-¡Así me gusta, mi putica obediente! -¡Ahora de rodillas, zorra!- y puso su verga frente a mi cara. -¡Ya sabés lo que tenés que hacer!- ¡Mámala pero sin sacarme el polvo! Yo me la metí en la boca y la entraba y sacaba de mi boca como si fuera un bombón. De su polla comenzó a salir un poquito desemen y entonces le retiré la cara. Me tomó por las axilas y me hizo erguir hasta que mis tetas le quedaron en su cara. Mis pezones estaban duros. Se puso a chuparlos y a morderlos. Sus manos mientras tanto apretaban y soltaban mis tetas con fuerza. Con las manos también me acariciaba la cabeza y el cuello, y me metió un dedo en la boca para que se lo chupara, y se lo chupé.

¡Ahora tengo ganas de ir al baño...dijo él de pronto.!¡Pero creo no voy a llegar a tiempo! ¡ Abre tu boca! Ordenó. Y ahí me soltó un chorrito y luego me largó un chorro más largo que me llenó la boca. Me sentí extasiada y me lo tragué. –Muy bien putica! Ahora lámeme bien la polla para limpiarme- Pero cuando estaba ya acabando de limpiarla de pis con mi lengua, llegó otra descarga, que empecé a tragar con gozo. Me agarré a sus nalgas, pegando mi boca a su verga, para tragarme todo lo que tuviera para darme, pero me la sacó de la boca y me dijo que me acostar de espaldas sobre el suelo. Y parándose con ambas piernas abiertas, una a cada lado de mi cuerpo, apuntó con su verga a mi cara, ojos, pelo, orejas, nariz, boca. Yo abrí la boca y me metió un largo chorro para después seguir por mi cuello, mi pecho, hasta mojarme completamente. -¡Estuve juntando todo este pis para vos, zorra!- dijo acuclillándose frente a mi boca, de modo de que pudo continuar meándome. Yo estaba llena de placer, y bebía y bebía su orín, amarillo y caliente. Cuando terminó, yo vi embobada como su verga se acercaba y la restregaba contra mi cara. Sus orines sabían exquisitos.

Me volví una adicta a su pis. Apenas llegaba al motel me arrodillaba frente a su verga con la boca abierta, y él, sacaba su verga y llenaba mi boca de pis. Después terminaba chupándole la verga, su culo, o lo que él quisiera. Un día me empotró la verga en el culo y me lo llenó de pis. Fue delicioso!

Se acostó en la cama boca arriba. Su verga se paró de nuevo y apuntaba al techo. Me hizo señas para que subiera también a la cama y me dijo: ¡ Pónte en cuclillas, de espalda a mí, abre bien esas nalgas y colócate la verga a la entrada de ese culo! Hice lo que me dijo y él me tomo con sus manos de la cintura y metió su verga en mi culo hasta empalarme completamente. Mis nalgas rebotaban una y otra vez sobre su pelvis y yo hacía movimientos cortitos pero cada vez más seguidos. Ahí estaba yo con su verga bien metida en mi culo, mi respiración se aceleraba más y más, mi culo se contraía espasmódicamente para apretarle su pija. Sentí que su verga estallaba en mi culo como un surtidor y que sus manos se aferraban con fuerza a mis nalgas. Un orgasmo se me vino también desde la cabeza e hizo explosión en mi culo. Quedamos rendidos, uno en brazos del otro.

Cuentos eroticos

Y que bien duermo desde entonces

Recuerdo la fecha como la de mi cumpleaños porque para mí fue un regalo como los de cumpleaños. Mi madre estaba ingresada a punto de dar a luz a mi hermana. Yo estaba en esa edad rebelde, esa tardía adolescencia de los 17 que se contradecía con el mundo que habitaba mi cuerpo. Además estaba celosa. Sí. Estaba celosa desde hacía meses. Estaba celosa desde que supe que iba a tener una hermana. Estaba celosa desde que me di cuenta de que iba a dejar de ser su niña.

Pero aquella noche estaba siendo especial. Mi madre llevaba un día ingresada; mi padre después de la visita, había salido con unos amigos a tomar unas copas y regresó a casa a la espera de noticias del hospital; aquella noche estaba siendo especial porque mi padre había bebido y entre el alcohol y la euforia de su nueva paternidad, estaba muy alegre; había pedido pizzas y habíamos estado viendo una película de risa. Después nos tiramos en la terraza a disfrutar de la estupenda noche de verano, escuchando los grillos del jardín que rodeaban la piscina. Me gustaban los veranos porque era la única época del año en que lejos de los internados para señoritas de bien, disfrutaba de los lujos de mi familia y de los caprichos materiales que mi padre siempre me concedía para rellenar los espacios que ni él ni mi madre ocupaban el resto del año.

-Me voy al agua-
-¿Qué dices hija? Al agua ahora....
-Venga papi, hace calor, vamos a darnos un chapuzón- lo observé mientras apuraba el último trago de whisky en vaso on the rocks- venga porfa papá...
-Vale pero sólo un remojón ¿de acuerdo? estoy cansado y quiero ir a dormir- se levantó intentando disimular que el alcohol desequilibraba sus movimientos.

Me quité la camiseta, me tiré de cabeza a la piscina y desde dentro lo llamé. Bajó las escaleras metálicas y nadó hasta mí, yo huí juguetona hasta el otro borde donde no se hacía pie. El llegó hasta mí y me arrinconó contra la pared.

-Te pillé, ¿a ver qué haces ahora?- su aliento olía a tabaco y whisky pero me gustaba tenerlo tan cerca
-Sé muchas cosas que podría hacer para liberarme de ti pero prefiero que me abraces- lo miré indefensa- a veces te echo de menos papá, paso mucho tiempo lejos de ti y te echo de menos.

Vi cómo se le rayaban los ojos de compasión y culpa, me acarició una mejilla y me abrazó. Pasé mis brazos alrededor de su cuello y me pegué a él rodeando su cintura con mi piernas para no hundirme. Me quedé en aquella posición sintiendo cómo mi cuerpo recibía grato aquel abrazo tan celado. Aproveché el ligero balanceo del agua para mecerme con él apretándome, deseando que mis piernas no se separaran nunca. Creí que mi padre rehuiría del intencionado magreo pero creo que la culpabilidad por haber estado tanto tiempo lejos de mí le incitaba a entender que aquello tenía que ser así... y yo encantada claro. Cuando era pequeña, antes de los internados, jugaba con él del mismo modo y me gustaba ver cómo él reaccionaba y seguía jugando un poco más dejándome cabalgar sobre él hasta que empezaba a sudar, luego me abrazaba, me besaba la frente y se metía a solas en el baño. Con el tiempo, en los dormitorios de las residencias juveniles unas veces sola y otras muy bien acompañada, fui entendiendo muchas cosas y deseando muchas otras más. Ahora estaba encantada de tener a mi padre para mí, como cuando era niña y más encantada estuve aún cuando noté que la borrachera de mi padre era mayor de la que ambos creíamos; se dejaba somnoliento y casi sonreía cada vez que me frotaba. Empecé a sentir que bajo sus calzoncillos algo se movía. Ese despertar me era familiar, sabía lo que venía después y rogaba que mi padre continuara dejándose llevar. Lo escuché susurrar cuando me apreté más para que siguiera empalmándose pero fue entonces cuando reaccionó, sin desprenderse de mí me besó la mejilla, me miró y me dijo.

-Es mejor que salgamos, mi niña- me separó las piernas y cogiéndome por la cintura me subió hasta dejarme sentada en el borde de la piscina. Me miró desde el agua y nadó hasta las escaleras del otro lado.

Me sentí rechazada y como buena adolescente di un rabotazo y entré en la casa dando un portazo. Mi padre me llamó desde fuera intentando disculparse pero no hice caso. Subí a mi dormitorio me quité las bragas y el sujetador mojados y me tumbé en la cama bocarriba. Mi padre me había excitado y notaba mi coñito depilado a la moda humedeciéndose. Me acaricié y me abrí de piernas para escuchar el chasquido mojado de mi moco al frotarme con los dedos. Me pellizqué los labios del conejo y note cómo se volvían carnosos y boqueaban como los pececillos. Seguí tocándome unos minutos y escuché la puerta del mueble bar en el salón y el sonido de las piedras de hielo al caer en un vaso, los pasos de mi padre... deseé que subiera y me viera allí, masturbándome por él pero no pasó de su dormitorio, escuché el vaso de whisky sobre la mesilla y los muelles de la cama cuando se sentó en ella. Cerré los ojos y me lo imaginé desnudándose, tumbándose en la cama con su polla aún medio erecta. Cerré los ojos y me lo imaginé tocándosela a solas pensando en mí, deseándome y mi excitación me llevó a colarme los dedos. Los moví dentro mientras con la yema de los otros me apretaba el clítoris hasta sentir un espeso escupitajo caliente brotando entre mis piernas. La masturbación de una adolescente puede ser muy tierna pero también muy guarra; dejé que mi corrida bajara hasta mis nalgas y seguí tocándome para sentir los últimos escalofríos, me mojé las manos en el chocho y me manoseé los pechos. Estaba sudada, olía a pescado sobado y tenía las manos pegajosas; quería seguir allí tocándome hasta rozarme toda pero tenía sed. Me levanté y salí al pasillo para ir al baño a refrescarme.

Mi padre había puesto la radio, al pasar delante de su cuarto vi la puerta entrecerrada, él nunca hacía eso, siempre la dejaba abierta de par en par. Me acerqué y la empujé levemente. Estaba como me lo imaginaba en mis fantasías, no se había desnudado pero estaba bocarriba disfrutando de un largo masaje en su pene. Me quedé allí, mirándolo y note cómo volvían a hincharse los labios de mi chocho. Me acaricié con las piernas flexionadas y al notarme tan mojada no pude dejar de frotarme como una desesperada. Gimió cuando su chorro se estrelló en la palma de la mano con la que se cubría el capullo para no salpicar, se corrió y dejó de tocarse de pronto, supongo que acostumbrado a hacer lo mismo con mi madre, meter, cumplir y parar. Se levantó, apuró el whisky y haciendo eses por el camino entró en el baño de su dormitorio y se metió en la ducha. Tal y como estaba no podía quedarme allí sin más, así que decidí meterme en su cama y esperarlo allí desnuda. Tardó apenas unos minutos; cuando volvió a salir envuelto en una toalla, me encontró bajo sus sábanas.

-¿Qué haces aquí pequeña?- preguntó paternal.
-Papi, esta noche quiero acostarme contigo- la frase era cierta en todas sus interpretaciones pero creo que él quiso entender la inocencia de una hija pasando la noche junto a su padre al que ha echado de menos casi durante toda la vida.
-Vale cielo- entró en el baño y volvió a salir con el short de un fino pijama de seda.

Se acostó y apagó la radio. Se giró y me dio las buenas noches con un beso en la frente. Aún olía a alcohol y su cuerpo estaba lleno de calor. Pronto sentí su aliento quedándose dormido. Me acomodé abrazada a él. Creo que no se había dado cuenta de que estaba desnuda, retiré despacio las sábanas y comprobando que ya dormía la mona aproveché la intimidad.

Encendí la luz de la mesilla, me senté junto a él mirándolo y acaricié la seda del pijama. La respuesta fue inmediata, algo se movía. Traviesa y curiosa froté más y bajé el movimiento hasta los huevos que se le escapaban por las perneras del short, regresé hacia arriba y apreté la caricia sobre su capullo. Ya no se movía inquieta, ahora su polla se sacudía intentando escapar del pijama, mi padre sonreía sin despertar, viviendo su sueño erótico más real. Sabía que intentar moverlo lo despertaría pero quería bajarle el pantalón y ver cómo se empalmaba, me maravilla ver cómo un hombre se va empalmando mientras se la toco; aflojé el nudo del elástico y dejé que cediera, no podía bajárselos pero podía dejar su polla al descubierto. Metí mi mano para sacársela y al agarrarla noté su dureza, las venas ya yertas agradeciendo el contacto de mi mano. Se la saqué y después de acariciarla completa de arriba a abajo me dije que tenía que hacerlo ya, antes de que se despertara, así que me incliné y metí su sonrosado capullo en mi boca. Aquel músculo pegó un respingo cuando tragué y siguió creciendo dejándome saborear unas gotitas melosas mientras miraba por si se despertaba. Aproveché y tragué cuanto me cabía en la boca pero justo cuando iba a seguir bombeando sobre mi golosina una manos frenaron suavemente mi frente.

-¿Qué haces hija? Estáte quieta mi amor- papá me pedía que parara de una manera muy extraña porque no se movía ni intentaba retirarme de su lado- mi vida, esto no está bien, déjalo ya- volvió a balbucear casi sin fuerzas.

Aproveché su falta de energía para imponerse y continué más afanada mi mamada pelando con mis manos la piel que no me cabía en la boca. “No, no...”, me decía pero se contorsionaba acariciándome el pelo “...no está bien, hija esto no está bien”, pero ya me seguía el ritmo y me dejaba moverme con soltura por su cuerpo. Lo había conseguido. Pasé mis labios a lo largo de su verga acariciándole los huevos con una mano, pellizcándole la pielecilla que los recubría, él se encongíó en un gemido, desde abajo chupé de nuevo a lo largo apretando mis labios hasta su capullo y rodeándolo con los dientes apreté mi lengua en su agujerillo. “Aaaahhhhhh, mmmmmmm”, murmuró incorporándose para verme faenándosela. Verlo mirarme mientras se la comía me puso más cachonda. Seguí lamiendo golosa y le cogí una mano, me abrí hacia él y sin dejar de chupársela empujé sus dedos directamente dentro mi chocho. Le moví la mano como si fuera un consolador y cuando aprendió el movimiento devolví mis manos a su cipote cada vez más brillante, terso y rojo. No lo había visto nunca tan grande. Los chicos de las residencias eran chavales de quince a veinte años y aunque de hormonas estaban llenos para experimentar algunas de mis habilidades, de centímetros no iban sobrados los toletes que me había beneficiado. Mi buen amigo Don Ramón, el cura de mi colegio, cuando me confesaba me había enseñado la diferencia entre los muchachos del colegio y él, que podía perdonarme todos mis pecados a cambio de una buena penitencia de rodillas entre sus piernas, pero tampoco el padre Ramón se había levantado tanto como mi padre en aquel momento. Llenaba mi boca y sentía el sabor de las gotitas que se deslizaban ardientes por mi garganta. Mi padre seguía metiéndome los dedos y ya no decía nada, sólo gemía. Dejé de mamársela y cogiendo su mano para que la moviera con más fuerza lo miré.

- Ves como no esta mal papi, a ti te gusta, a mi me encanta- gemí para que se lo creyera más aún- ves papi, esto es maravilloso, mmmmmm, sigue papá, sigue.

Siguió moviendo los dedos con insistencia, me arrimé más a él y me abrí todo lo que pude “chúpame, papi” y me toqué para excitarlo, “chúpale el chuminito a tu niña, cuando era pequeña me gustaba que me bañaras porque así conseguía que me acariciaras y yo sé que a ti te gustaba que te lo pidiera, hoy estas aquí, estamos los dos para darnos gusto papito, chúpame aquí papi”, y me tocaba, “cómele el conejito a tu niña...”, y bajó su cara hasta mi potorro abierto, noté su lengua explorando mi clítoris y metiéndose entre mis labios chorreantes, no sólo me comía sino que me hurgaba con los dedos y me hacía contorsionar de gusto apretándolo contra mí, “sí, así papi, cómemelo todo, así, más papi, más” y él seguía, “mmmmmm, sí papi sí, pero más, necesito algo más papi, más, hazme más cosas buenas papito”. Me miró como si no entendiera, “más papi, te quiero todo dentro de mí, quiero más, me lo debes papi” , estaba siendo cruel con él, “vamos papi, quiéreme, lo necesito, quiero que me folles, métemela papi, métemela”. Muy tierno y paternal me besó el vientre y me acarició lascivo los muslos hasta las ingles, su mirada me incitó a chuparme los dedos y tocarme luego el conejo sin dejar de gemir atormentada. Mi padre se puso de rodillas sobre la cama, me colocó la almohada bajo las caderas y subiéndome las piernas sobre sus hombros me abrió las rodillas e insertó lentamente su capullo en mi conejo, cariñoso, muy padre. Lo sentí entrar suave, adapatarse a mí, choff, al moverse, choff, al deslizarse, “más papa, métela toda papi, hazme daño y cúrame luego papi”. Bombeaba despacio, creyendo que iba a topar con mi virgo, pobre inocente, bombeaba.... choff, choff, la sacaba un poco y empujaba de nuevo unos cuantos centímetros más hasta que yo de un golpe de cadera me pegué a él de pronto, clavándome lo que aún no me había metido. “Fóllame bien papi, soy tu muñequita”, gemí infantil, “venga papaíto, hazme todo eso que mami no te deja hacer, fóllame como un loco” y empezó a empujar bruscamente, al principio me hacía daño pero mis palabras lo habían ensanguinado, estaba descontrolado y notaba cómo su polla entraba y salía de mí casi desgarrándome el chumino pero haciéndome sentir única. Gozaba de su apetito reprimido durante tanto tiempo y notaba como la gorda punta de su cipote me arañaba sin piedad. “¿Así?, ¿te gusta así mi niña...?”, me preguntó con un punto sado, “...¿es esto lo que querías hija? Dímelo, dime que te gusta , quiero oírtelo mi niña...”, “Sí papi, esto es lo que quería, pero quiero más, hazme gozar más, seguro que sabes cómo darme más gusto papi...”, jadeaba obscena. “...vamos papi, demuéstralo, demuéstrame que eres un buen padre que quiere mucho a su niña...hazme gozar más si sabes...”.

Se detuvo bruscamente, como fuera de sí, sacándome la polla me giró sobre la cama dejándome a cuatro patas bocabajo y me tomó por la cintura. Acercó su polla a mis nalgas y con ella empezó a humedecerme desde la raja hasta el agujero del culo, primero hurgó con la punta de su cada vez más gordo y tenso mango y después de meterme el capullo en el chocho para remojárselo bien apuntó a mi ano. Me la metió de golpe, sin pensárselo dos veces, sin cuidado, enterrándose en mí sin avisar. No pude ni gritar; me quedé sin respiración y no escuchaba más que sus quejidos al empujar, parecía hacerse daño pero seguía empujando violentamente. “¿La notas ahora dándote gusto mi niña?, es lo que querías ¿verdad cariño?... ¿La sientes dentro hija, ves todo lo que te quiera papaíto?... ¿por qué no le dices a papi lo que sientes dentro?... ¿Te gusta eh?”. Casi no lo reconocía mientras me tomaba de aquella forma, su voz sonaba cochina “¿quieres más mi vida?....toma....” y me empujaba con más fuerza sintiendo su tolete presionado por mi estrecho culo. Nunca me habían hecho esto, pensaba mientras creía morirme de dolor. Las lágrimas me bajaban por la cara y notaba cómo mi cuerpo se abría por dentro para dejar espacio a aquella inmensa verga que me taladraba, perdí hasta la visión unos segundos, dejé de oír y el dolor no me dejaba ni respirar. De pronto sin dejar de sentir el rabo de mi padre entrando y saliendo en mi culo noté sus dedos hurgándome el clítoris, empecé a gemir y el aire volvió a mis pulmones, “¿es esto lo que querías verdad mi niña?¿era esto...?” mi padre jadeaba pero no dejaba de buscarme el placer entre las piernas, conseguí pronuciar un doloroso pero morboso “síííí, papí, síííí...” me desvaré de gusto al sentirlo convencido del placer que me daba y para intentar olvidar el dolor empecé a moverme en círculos intentando gozar. Mi padre me cogió una mano y me hizo masturbarme mientras él me metía dos dedos e intentaba colar el tercero, “¿te gusta verdad, cariño? ¿te gusta lo que te hace papi?” y seguía empujándomela por detrás sin dejar de meterme casi sin control los dedos, no llegaban hasta dentro pero me abrían los labios los suficiente para sentirme más salida. Siguió masturbándome sabia pero violentamente y entre sus dedos dentro de mi joven coño y su verga desgarrándome el recién estrenado culito de señorita de bien perdí la noción del tiempo. No sé cuánto tiempo estuvo dentro de mí hasta que sentí un escalofrío que me recorrió desde la planta de los pies toda la espalda hasta llegar al cuello, empecé a convulsionarme de un gusto que jamás había experimentado sintiendo su polla aún dura llevándome a más, sus manos chorreaban entre mis piernas y era tal mi corrida que mi padre no coseguía tocarme el clítoris sin que se le resbalaran los dedos, al sentirme gemir del interminable orgasmo y desfallecer de gusto empezó a bombear impulsivamente metiéndome la polla hasta el fondo del culo, sacándomela y perforando después mi chumino boqueante; yo me dejaba a gusto, estaba exhausta y dolorida pero dispuesta a dejarme hacer lo que quisiera a cambio de seguir disfrutando de cosas que nadie me había hecho nunca; me cogió por los hombros y se enterró tan dentro de mí que creí que nunca más volvería a hablar, se golpeó contra mis piernas abiertas con fuerza animal y aún con sus dedos dentro mi culo estimulándome sentí una bocanada de lava caliente dentro de mí. Empezó a gemir sufridamente y noté cómo se derrumbaba sobre mi espalda. “Tranquilo papi, sigue ahí”, le susurré girando la cabeza buscando su boca para pasar mis labios por los de él y buscar su lengua con la mía; “te ha gustado mi niña”, “sí papi, mucho, nunca me lo habían hecho como tú, quédate ahí dentro de mí” cabalgó varias veces aplastándome casi sin fuerzas y sin dejar de gemir; noté su rabo deshaciéndose en mí, me bajaba su semen por las piernas y su cuerpo derrumbado sobre mí se contorsionaba de placer, sudando, “mmmmm...”, no podía decir más,...mi niño, mira que quiero yo a mi padre.

Esperé a que fuera él quien tomara la decisión de sacarme la polla del coño porque sé que eso a los hombres les gusta mucho, una vez me lo dijo Don Ramón el cura del colegio mientras yo lo abrazaba sentada sin bragas sobre él en su sillón de la sacristía después de la confesión. Cuando he espiado a mis padres mi madre nunca deja que papá se la deje dentro. Mi madre no folla casi nunca y cuando lo hace es con la luz apagada y siempre le dice a mi padre que no le deje la polla dentro. Eso a los hombres no les gusta, por lo menos no a mi padre ni a Don Ramón el cura de mi colegio. A papá le gusta dejarme la polla dentro hasta que se le ablanda después de follarme con la luz encendida, verme desnuda en la piscina o paseándome por la casa para ponerlo cachondo, le encanta que le pida que me acaricie cuando me baña, frotarse conmigo en el despacho cuando salgo del instituto y voy a buscarlo, le gusta que le toque mientras vemos la tele en el salón si mi madre no nos mira o que se la sobe con los pies por debajo de la mesa mientras que comemos; papi a veces se despierta por la noche cuando yo voy a su cama y le acaricio la polla mientras duerme, le gusta que se la toque y se la chupe hasta que se la pongo bien dura y tiesa mientras mamá duerme a su lado y después me acompaña a mi cuarto para asegurarse de que su niña se duerme tranquila; a mi papá le gusta que me masturbe para él y le gusta oírme gemir con su polla dentro de cualquiera de mis agujeros siempre abiertos para él. Por eso a mi padre ahora le gusta más follar conmigo y ya casi no se folla a mi madre y es que mi madre no entiende por qué a los hombres les gustan esas cosas; y es que claro la pobre tampoco entendió por qué mi padre ese año me sacó del internado y se empeñó cada noche, mientras ella dormía a mi bendita hermanita, en contarme un cuento antes de irse a dormir... y vaya cuentos los que todavía hoy mi papi cuenta a su niña. Duermo relajadita, relajadita.

Cuentos eroticos

El papá de Aldana

Aldana y yo fuimos amigas desde pequeñas, fuimos juntas al colegio primario y después cursamos la secundaria. Íbamos juntas a todos lados, conocíamos los secretos más íntimos de cada una, pero siempre pensé que esa sombra en sus ojos era algo que nunca me había contado y con el correr de los años comprobé que mi intuición no me había fallado. Aldana era la única hija de un matrimonio de clase alta y vivió una vida de lujo y felicidad hasta que a los ocho años su madre falleció en un accidente automovilístico. Nunca se le conoció otra mujer al padre de Aldana ni tampoco interés alguno por tenerla. No era el típico viudo triste y deprimido, pero jamás volvió a casarse. Aldana sintió la muerte de su madre y sufrió mucho el primer año de ausencia, pero luego, como es típico entre los niños de esa edad, logró superarlo y salir adelante.

Así crecí junto a ella, pasando la mayor parte de la semana en su casa, haciendo la tarea juntas, yéndonos de vacaciones con su padre, viviendo como hermanas. A medida que crecíamos compartíamos el mismo grupo de compañeros de club y frecuentando el mismo circulo social. Nos desarrollamos como dos chicas sanas y realmente bonitas. Las dos éramos morenas, de piel cetrina, Aldana de ojos color café y cabello castaño y yo de ojos negros, piel blanca y cabello color azabache. Teníamos esa clase de físico modelado que gustaba a todos, pechos firmes y piernas bien torneadas, no nos podíamos quejar de nada, éramos felices. Una noche, una de las tantas en las que me quedaba a dormir con ella, el padre de Aldana cenó con nosotras y avisó que no saldría, que se quedaría en la casa así que nos pidió que no subiéramos el volumen de la música como era nuestra costumbre, porque necesitaba descansar. Así fue como nos acostamos temprano, tratamos de hacer el menor ruido posible (difícil cuando se tienen 17 años y la sangre en plena ebullición) y nos quedamos dormidas rápidamente. En medio de la madrugada me desperté para bajar a tomar algo a la cocina y vi que la cama de Aldana estaba vacía, pero no me preocupé porque calcule que estaría en el baño o habría tenido la misma necesidad que yo, así que la encontraría en la cocina, tomando su bendito jugo de pomelo que tanto amaba.

Me dirigí a la escalera y cuando pasé por el cuarto de su padre, me llamó la atención una serie de suspiros poco habituales en esa parte de la casa, eran suspiros femeninos y yo sabía muy bien que Francisco no había llevado ninguna mujer a la casa. Me detuve frente a la puerta de su dormitorio y escuché como los suspiros se convertían en gemidos y no precisamente de dolor, sino que parecían ser de un placer extremo. Como la puerta estaba cerrada, pero mi curiosidad iba en aumento, decidí salir por la ventana del cuarto de servicio para poder espiar por los balcones que eran colindantes. Abrí las ventanas del balcón de servicio y pasé una pierna primero y después la otra al balcón del cuarto de Francisco. Las cortinas no estaban cerradas así que el panorama para ver era inmejorable. Como describir la sensación que tuve cuando vi en medio de la cama de Francisco a Aldana completamente desnuda, a merced de la boca y de los dedos de su padre??? Al principio me dieron ganas de salir corriendo, sentía un agujero en la boca del estómago, como un vacío de asco y de incomprensión y una parte de mí quería salir corriendo de esa casa y de la vida de ambos. Otra parte de mí, que hasta ese momento desconocía, me impulsaba a quedarme y a seguir viendo. Aldana, espléndida en su desnudez, estaba tendida en la cama de Francisco, con las piernas abiertas, con una mano empujaba la cabeza de su padre hacia su vagina y con la otra se apretaba su pecho izquierdo, con una fuerza increíble, lo estrujaba sin control y no cesaba de gemir. La boca de Francisco parecía querer comerse de un solo bocado esa preciosa concha que aparecía iluminada con la luz de la oscuridad, la saliva de él y los jugos impresionantes que Aldana despedía. La lengua de su padre se arrastraba de adelante hacia atrás, sin dejar centímetro sin mojar, esparciendo ese flujo espeso por todos lados sin descanso, mientras las caderas de Aldana se elevaban para que quedaran justo a la altura de la boca de su padre, esa boca que parecía un pulpo hambriento, desesperado por tragarla. -Un dedo... Dame un dedo. le escuché decir a mi amiga del alma. Sin más, Francisco colocó su dedo mayor dentro del agujerito de la concha, lo metió y lo sacó tres veces, lo humedeció completo y después de chuparlo se lo colocó en la boca a Aldana, que lo lamió en una forma sensual, mirando directamente a los ojos a su padre mientras lo hacía, saboreándose directamente de su fuente. La boca de Francisco absorbió los pechos de Aldana, su lengua lamió los pezones llenándolos de saliva para después morderlos y estirarlos hasta que quedaron erectos y rojos, se veían duros como pequeñas piedras rojas. -Papá, mámamelos- repetía Aldana, con un tono de voz grave, bajo, casi desconocido para mí. Así lo hizo él, como sí de los pechos de una madre se tratara se prendió a ellos, succionándolos como sí de ellos pudiera sacar leche, lamiéndolos desesperadamente. Por entre las piernas de Aldana podía ver la tremenda erección de Francisco, el tamaño de su pene, las dimensiones que había alcanzado y comencé a darme cuenta en ese instante de mi propia excitación, de la humedad que sentía entre mis piernas y de la dureza de mis propios pezones, pegando contra mi camisa de dormir. Francisco bajaba con su boca por el cuerpo de su hija con una maestría, con un conocimiento del terreno y de los deseos de ella que me dio la pauta de que esto no estaba sucediendo por primera vez. Volvió a su entrepierna para sobarla un poco más, para lamer algo más de todos esos jugos que expedía Aldana y para satisfacer los pedidos de su nena. -Muerde el clítoris, papi... Muérdemelo como vos sabes... Siiiiiiiii, quiero gozarte papi. Y allá fueron sus dientes, para hacerse cargo de ese botón rosadísimo que comenzó a crecer cuando los dedos de su papi lo movieron en círculos, se metieron dentro del agujerito para poder mojarlo, lo rodearon y después su boca lo estiró, sus labios lo sacaron hacia afuera, los sorbieron como si fuera el último bocado que esa boca probaría en años. -Eres tan rica, hijita, hummmmmmm, como me gusta tu sabor-. -Chúpamela más, papi... Más, más- suspiraba totalmente descontrolada Aldana. Y Francisco siguió un poquitito más hasta que levantando la cara, la miró a los ojos y le susurró: -Ahora papi te va a dar su pedacito, estas lista??-. -Siiiiiiiiiiii, quiero que me cojas, dámelo-. Y acto seguido, mientras Aldana abría los labios de esa concha que brillaba empapada, Francisco la penetró lenta, pero seguramente y su pene completo fue engullido por la vagina de su hija y comenzaron una danza de caderas y embestidas que me sacaban el aliento. Las manos de Aldana iban de sus pechos a la cabecera de la cama, asiéndose fuertemente de los barrotes cada vez que su padre empujaba más y más dentro de ella. -Lo quiero entero- decía Aldana, con la poca voz que le quedaba. -Lo tienes completo, ahora muévete nena, muévete. Gózalo!!! Asi!!!!!!!!!!-. Yo no podía más, estaba completamente excitada y muerta de envidia, quería ese pene dentro de mí, quería esas manos empujando mis caderas, estaba a mil, pero no podía dejar de mirar ni tampoco interrumpirlos. -Te gusta, verdad?- preguntaba su padre. -Si, me encanta papi!!! Quiero más!!! hacedme lo que sea, papi!!!-. Dicho esto, Francisco sacó su pene de la concha de Aldana y, aun duro y brillante, lo arrastró entre la abertura de la vagina y el culo de su hijita, que se retorcía de placer en la cama. Acto seguido, la puso de rodillas, dejando frente a sus ojos sus dos agujeritos, sus glúteos perfectamente formados, mientras que los pechos de Aldana se aplastaban contra las sábanas y sus manos se estiraban hacia su clítoris para seguir estimulándolo. -Pídemelo, pídemelo donde más te guste, mi nena bonita, le decía su papá-. -Dámelo por atrás, papá. Cógeme el culo papi!! Cómo tú quieres!!! Dámelo por atrás!!!-. Sin hacerse esperar, Francisco acercó su boca hasta el agujero del culo de su nena, lo lamió un poquitito, dejó caer un hilillo de saliva para que se deslizara lentamente y con sus manos comenzó a colocar la puntilla de su pene primero, probando la reacción de Aldana. -Hummmmmmmmmmmmm, más, más. No me dejes así, papá!!!-. Esto inflamó más los deseos de su padre y siguió metiéndole ese maravilloso e hinchado pene hasta que de un empujón lo enterró por completo entre las nalgas de mi amiga del alma.

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Mi primera vez

La protagonista nos narra su primera experiencia zoofílica, que vivió junto a su tía.

Hola amigos/as:

quisiera haceros participes de mi afición por la zoofilia y contaros como fue mi primera experiencia en este tema. Primero me gustaría presentarme, me llamo Ania y tengo 30 años y por supuesto mi gusto por este tema solo es compartido por pocas personas cercanas a mi. Hasta ese momento mis experiencias sexuales habían ocurrido con chicos y también con chicas, siendo para mi yo creo mas satisfactorias las lesbicas; también me gustaría deciros que tengo filia por el fetichismo del pie, ya desde pequeñita me fijaba en los pies y las manos de las mujeres de mi familia y allegadas resultándome unas partes del cuerpo muy bonitas y de una feminidad que a mi me resulta encantadora en mi misma y en los demás.

Mi primer contacto con este mundo "animal" fue con 19 años y lo recuerdo como si fuera ahora mismo, por supuesto fue de una forma casual y , digamos, ayudada por alguien, ya que era una cosa que jamas se me había pasado por la cabeza hacer. En esta historia no invento nada y todo fue tal cual lo cuento.

Por aquel entonces yo solía ir en algunos fines de semana a casa de unos tíos míos, aun no tenia novio, el era mi tío carnal y ella mi tía política, vivían en un pueblo de Asturias, en una casería y como podéis pensar se dedicaban a las tareas del campo, mas bien ella , pues él trabajaba con un tractor a tareas forestales. Un fin de semana de diciembre fui a pasarlo allí, mis padres me dejaron en su casa un viernes y ellos se fueron a casa de mi abuela que vivía en un pueblo cercano, a mi me gustaba quedarme en su casa pues el pueblo era mas grande y había mas ambiente de juventud aunque no demasiado. Mis padres de paso habían recogido a los hijos de mis tíos para que fueran con ellos a ver a su abuela y pasaran allí el fin de semana. La casería donde ellos vivían estaba un poco separada del pueblo, se llegaba por una calleja unos 500 mts y me encantaba estar allí y ayudar a mi tía en las tareas del campo, siempre me gusto y me sigue gustando mucho, de paso os diré que ella se llama Charo y aunque es una mujer de pueblo esta bien y se cuida , no aparentando, cuando se arregla, su condición de aldeana , es de mediana estatura ,como yo, tenia el pelo corto, castaño claro y los ojos azules, su tipo era, yo diría, que exuberante pues es muy redondita por todas partes. Yo soy de pelo castaño oscuro, ojos marrones, cara creo que agraciada y buen tipo.

Cuando llegue era ya era por la tarde y se había hecho de noche, después de hablar un rato y merendar algo me bajaron al bar del pueblo que era donde se reunían los jóvenes para salir de marcha, aquella noche salí y después de pasarlo bien volví a su casa de madrugada, casi cuando mi tío marchaba a trabajar. El día anterior me habían comentado que estaba trabajando en León ,que tenia allí el tractor y que se iba a ir a trabajar sábado y domingo pues lo que estaban haciendo corría prisa y el contratista les había avisado para acabar el trabajo lo antes posible, volvería el lunes con el tractor en un camión, así pues pasaríamos mi tía y yo el fin de semana solas.

El sábado me levante casi al mediodía, recuerdo que había aun una helada terrible y hacia un frió que te helaba los huesos, mi tía no estaba en casa pero supuse que la podía encontrar donde pastaban las vacas y allí la fui a buscar. La ayude a hacer las tareas propias del ganado y volvimos para la hora de la comida. Tenían un perro y una perra y la perra estaba en celo , el pobre perro la intentaba copular pero ella no le dejaba porque era muy arisca, esto lo estábamos viendo después de la comida ya que nos sentamos un rato delante de la casa para aprovechar los pocos rayos de sol, la verdad es que era jocoso ver al pobre animal intentando la unión y a la perra cabrearse, mi tía se partía el pecho de risa y decía que es que la perra era muy "feminista" o a lo mejor tortillera.

Pasamos la tarde haciendo algo de colada y después hicimos quesos hasta la hora de catar las vacas. Cuando finalizamos serian ya mas tarde de las 7.

Charo se me ofreció después de cenar a bajarme al bar en coche para salir con la chavalería del pueblo ya que era sábado pero la verdad es que con el frió que hacia y lo a gusto que estaba en la cocina me daba pereza y decidí quedarme.

Los perros solían estar en casa hasta la hora de irse a la cama que entonces los echaba fuera. Aquella noche la perra estaba rara y fue ella la que poniéndose junto a la puerta pidió salir, el perro por el contrario, se llamaba Moro, siguió con nosotras.
Estábamos viendo un programa de estos de variedades al calor de la cocina de leña y tomando caldo y estábamos muy cómodas, casi como amodorradas del calorin que hacia allí y el frío que había fuera.

El perro estaba tumbado debajo de la mesa y tenia parte del miembro afuera con una gotita blanca saliendo, mi tía que lo vio dijo, "este mira como esta , claro el pobre todo el día intentándolo y como no puede esta que lo vierte", yo me reí y dije que que lastima que no tiene dinero que si no se iría a un club, estuvimos así un rato de cachondeo a costa del perro. Yo comente que nunca había visto follar a dos perros y era la verdad y ella me dijo que era cachondeo puro , eran cosas que yo no entendía de la gente de pueblo que se lo pasaran bien viendo follar a dos perros, entonces se la escapo en medio de la conversación una expresión que fue literalmente "cuando se te meten dentro y se encachorran no hay quien los suelte hasta que se corren" ella se quedo colorada y yo boquiabierta y alucinada, aquello se la escapo y se dio cuenta de que yo a mi vez me había dado cuenta de ello y a mi también se me escapo decirla "pero que es que te lo hiciste alguna vez con un perro?", ella se quedo como muy pegada y como no sabiendo que decir pero al final asintió pero sin verguenza.

Yo me reí y me salió del alma ,eso hizo que ella también se riera y ya empezó a hablar del tema con mas soltura y me pidió por dios que no se lo contara a nadie; dijo que era una pasada la sensación que se notaba, pero que era un poco difícil que el perro lo hiciera si no estaba por ello. Me comento que la primera vez había sido por casualidad , que estaba en la cuadra y tuvo que arrodillarse para cojer algo que se le había caído y que el perro se la había subido, después en casa y como la picaba la curiosidad se había puesto desnuda y el perro la había montado pero según ella para que diera con el sexo lo había tenido que guiar. A mi aquella conversación me gustaba y me ponía realmente excitada hasta que ella me dijo que lo debería de probar, yo estaba confusa y por un lado me parecía una cosa obscena pero por otro lado la idea me excitaba muchisimo. Finalmente y haciendo de tripas corazón pero porque realmente me encontraba excitada la dije que si ,que me gustaría probarlo, que me fiaba de ella de que seria una cosa buena.

Entonces ella comento que lo íbamos a hacer en la cocina que era mejor y se estaba mas caliente, fue a la habitación y se trajo dos mantas, las tiro en el suelo de cocina y corrió las cortinas de la ventana, se había traído también unas palmatorias con velas , dijo que era para apagar la luz y encenderlas, porque daban una iluminación mas tenue y así si pasaba alguien no vería luz y creería que estabamos ya en la cama ya que aunque aquel sitio era poco concurrido en los pueblos la costumbre de pasar y llamar a ver si cae un café es bastante común. Aquel ambientillo la verdad es que me tenia frita de calentura y por otro lado me apetecía salir corriendo.

El perro, Moro, era cruzado de tamaño medio y pelo oscuro , con las orejas caidas. Entonces Charo me dijo que me desnudara, yo comencé a desnudarme y ella me ayudaba, me quite la bata y el chandal que traía puesto, la camiseta y las bragitas con su ayuda, me quito los calcetines y me quede como dios me trajo al mundo. El perro miraba tumbado en las mantas como si tal cosa, me senté desnuda en una silla y ella dijo que lo mejor que podíamos hacer era cojer un poco grasa de la que se utiliza para guardar los chorizos de la matanza para que el perro oliéndola y luego untándola en mi sexo se sintiera con mas ganas de hacerlo. Tomo una lata de chorizos y con los dedos sacó una porción de grasa que estaba sólida. La vertió en un cuenco y la puso levemente encima de una de las velas de una palmatoria para que se derritiera, unto sus dedos en la grasa y se la dio a lamer y a oler al perro y después me la unto por los pies y subió untándomela por las piernas hasta el sexo y el ano. El perro la fue lamiendo, primero por los pies lo cual ya me excito muchísimo , después por las piernas hasta que llego al sexo y al ano y me los comenzó a lamer, mi tía me dijo que me echara el culito un poco hacia arriba para que "Moro" pudiera lamer mejor ; para que la postura no me resultara demasiado forzada ella me sujetaba los pies asiéndolos por el tobillo proporcionándome una postura comodísima. El perro lógicamente lamió toda la grasa pero continuo lamiendo mi sexo, dándome un placer indescriptible, entonces mi tía me dijo, "bueno, ves, ya estas disfrutando y el se ha hecho a tu coño" y me dio un beso en la boca que yo correspondí con pasión, estuve así un rato hasta que tuve un orgasmo que me lleno de placer , mi tia mientras el perro lamía me acariaba la cabeza y los pechos y me repartía besos por la cara , el cuello y alguno en la boca. Ella comenzó a desnudarse y yo a mi vez la ayudaba como ella hizo conmigo. Una vez estuvimos desnudas con un ademán me dijo que me pusiera de rodillas y llamo al perro, el perro olisqueo mi sexo y lo lamió de nuevo y ella dio un par de palmadas en mi espalda y el animal se subió a mi, apoyo su pecho en mi espalda y comenzó a dar empujones sin acertar con mi sexo pero mi tía cogió su pene y lo guió a mi coñito , una vez dentro el perro empezó a follarme muy rápido, al principio sentí un ligero dolor pero enseguida se torno en placer, ella se tumbo debajo de mi y comenzamos a besarnos. Al cabo de un rato note que la polla del perro echaba gran cantidad de líquidos que se salían de mi vagina y me resbalaban por las piernas, su pene también engordaba dentro de mi y mi primera intención fue separarme pero mi tía dijo que no lo hiciera que es que ya estaba encachorrado y que no me podría soltar y además en breve se correría, al cabo de un rato así sucedió, el perro comenzó a eyacular y yo a notar como su semen se salía de mi vagina y empezaba a chorrar por mis piernas , la cantidad de semen que echa un perro es increíble, el perro se bajo de mi y quedo enganchado , continuaba eyaculando y yo notaba presión dentro de mi sexo y un gusto enorme. Estuvimos así un buen rato hasta que note que la presión disminuía ya que el bulbo del perro comenzaba a ceder. Mi tía se levanto y quito el pene de el perro de dentro de mi, comenzó a restregar el semen por mis piernas y a besármelas, yo había tenido otro orgasmo bestial y estaba ya desfallecida. Finalmente me limpio el semen con un trapo de la cocina y nos besamos llenas de felicidad, me lleno de besos, de la cabeza a los pies y yo la correspondí a ella de igual forma, deteniéndome en su sexo con mas detalle.

Me dijo que tenia que ir al baño y orinar aunque no tuviera ganas y lavarme bien, así lo hice.

La verdad es que fue fantástico y desde aquel día mi temor, pudor o como se quiera llamar desapareció en ese aspecto para siempre. Aquella noche dormimos juntas e hicimos el amor pero las dos solas sin compañía perruna. A la mañana siguiente estaba un poco dolorida pero la verdad.....................mereció la pena.

Hoy en día soy una mujer casada y tengo dificultades que todos comprenderéis para practicar estas cosas , además vivo en un piso y de momento no puedo tener un perro , a mi esposo no le gustan los perros en los pisos pero todo se andará. Me gustaría intercambiar experiencias y chatear con gente de este tema, yo procurare contar mas experiencias mías.

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Ruffo mi amor secreto

Aqui les va otra de mis experiencias reales, espero les guste chicas!! Chicos no sigan intentando agregarme a sus msn jejeje son todos rechazados!!
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Ese día mi amiga Lucy había salido con su novio y después de tanto y tanto pensarlo me anime, llame a Rufo y le abrí la puerta, el siempre ha sido muy cariñoso conmigo, asi es que se hecho a mi lado, mientras yo seguí leyendo, suavemente y con temor a la reacción de Rufo, acaricie su pene, rápidamente comenzo a salir una parte roja putiaguda, no se explicar lo que sentí, pero un escalofrío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y las piernas me temblaban, comencé a sentir mucho calor, así que me quite la blusa y mis jeans, y me quede en ropa interior.

Lo mas probable es que Rufo haya olfateado el olor de mi vagina, pues estaba toda mojada solo de imaginarlo... dentro de mi algo me gritaba "hazlo hazlo... yaaaaa!!!", mientras otra parte decía "estas loca, que te pasa es un perro", pero la carne es debíl, no paso mucho tiempo cuando comencé ha poner en practica las cosas que he leído, comencé a frotar su pene con mis manos, no dejaba de crecer, debo reconocer que me asombre de lo grande que le creció a Rufo, jamás imagine que pudiera crecer tanto, nunca había tenido un pene en mis manos.

Me recoste en la cama y Rufo comenzó a lamer mi vagina sobre mi bikini, ya no podía mas la resistencia era mucha esa lengua tan rasposa y húmeda me enloquecía... de un tajo arranque mi bikini y deje que Rufo me lamiera directamente, parecía saber lo que hacia, pues metía su lengua cada vez mas profundo, nunca había tenido un orgasmo, ni siquiera me había masturbado, ya se imaginaran la sensación increíble que tenia cerré mis ojos de placer... y lo inesperado paso, en un movimiento brusco Rufo subió sus patas delanteras y comenzó a tratar de penetrarme, quise levantarme pero Rufo pesaba
demasiado y estaba decido ha terminar lo que comenzó, además imagínense como estaba él si deseaba tanto a la perra del vecino y yo no lo dejaba, estaba irreconocible, yo quería levantarme y el recargaba su pecho en mi impidiendo levantarme luche por un momento, pero sentía como su pene rozaba mi virgen vagina, ya no soportaba mas, así que me deje llevar, puse mis manos en la panza de Rufo para que no fuera tan brusca la penetración, pero fue inútil, pues de repente sentí algo caliente que me rompía las entrañas, no pude evitar lanzar un grito de dolor..., pues de un tajo Rufo se llevó mi virginidad, lo sacaba y lo metía tan rápido que yo no podía respirar bien, su baba llenaba mis pechos y escurría por mi abdomen y hasta mi vagina, de pronto el dolor fue desapareciendo y un gran placer nada comparado con la lengua comenzó, era indescriptible, tome a Rufo de sus costados intentando abrazarlo pero solo logre poner ahí, era tan excitante, pero en medio de la excitación recordé los relatos de la parte que se les hace grande y sinceramente no quería quedarme pegada, pero sentía como el pene de Rufo crecía y crecía cada vez mas, parecía no tener fin.

De pronto sentí un nuevo dolor superior al anterior, lo que no quería acababa de pasar, me sentía totalmente llena, como sofocada por aquella gran bola dentro de mí, pensé que Rufo al suceder eso terminaría de moverse, pero cual fue mi sorpresa que no se detuvo ni un momento, seguía moviéndose rápidamente, pase por un nuevo momento de dolor pero esta vez paso mas rápido que el primero, tal vez mi vagina se dilato por naturaleza no lo se, pero no duro mucho el dolor y el placer volvió, de pronto sentí algo que escurría dentro de mi, por lo que he leido imagino que Rufo se vino dentro
de mi, en ese instante tuve un nuevo orgasmo, sinceramente no se cuantas veces me paso, solo les puedo decir que la sabana de mi cama quedo toda mojada de mis venidas y manchada de sangre.

Rufo jadeante por la gran hazaña que acaba de hacer estaba pegado a mi, así nos quedamos por espacio de 25 minutos, cuando Rufo se safo, comenzó a lamer su pene, yo estaba exhausta y me quede tirada solo con mi sostén sobre mi
cama, cuando de pronto Rufo comenzó a lamerme de nuevo, pero ya era tarde y mi amiga no tardaba en llegar y no quería que me encontrara de esa manera. Jamás pensé que una relación con un perro fuera tan explosiva, ahora solo
tengo una pregunta si lo llego ha hacer con un hombre sentiré el mismo placer... aunque sinceramente no quiero probar por el momento, pues Rufo se ha convertido en mi amante aunque es la única vez que lo he hecho, espero que no sea la última, solo espero que mi amiga salga de nuevo y me deje sola con mi amante Rufo.

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Mi primer less

Me animé a contarles lo que hace unos días me sucedió, porque desde hace un tiempo me he interesado por leer los relatos de las experiencias de los demás, y a veces pensaba si algún día algo similar llegaría a ocurrirme, pero creo que jamás llegué a pensarlo de una manera formal.

Soy Luna, tengo 26 años, estoy terminando una licenciatura, mi novio es extranjero y nos vemos cada periodo vacacional, pero éste verano ha sido la excepción, ya que junto con unos amigos de la Universidad planeamos una viaje al término de clases, ya que jamás habíamos salido juntos de vacaciones.
Las clases terminaron la segunda semana de junio, y de inmediato, hicimos maletas para dirigirnos al sur del país, a las costas de Oaxaca.
No mencionaré el nombre de ninguno de mis amigos, por obvias razones, nunca se sabe quién pueda leer, pero puedo decir que eramos 3 hombres y dos mujeres: mi amiga Estrella y yo. Todos somos de la misma carrera, a los chicos los conozco desde primer y segundo semestre, y a Estrella hace poco más de un año.

Salimos de la ciudad un sábado por la mañana, para llegar a nuestro destino ese mismo día por la tarde; todo transcurrió como siempre entre nosotros: completamente a gusto y felices por la confianza de conocernos ya de tanto tiempo.
Llegamos sin ningún contratiempo al sitio planeado, nos instalamos y comenzamos a disfrutar del ambiente aún tranquilo de la playa.

Pero a la tercera noche, los chicos se separaron un poco de nosotras, ya que habían hecho amistad con algunos turistas en la playa, aunque nos invitaron también a ir por ahí a algún bar, decidimos quedarnos en donde nos hospedamos, debo decir que ésta decisión fue más de mi parte, ya que tengo un carácter un tanto antipático con la gente que no conozco mucho, pero Estrella apoyó mi decisión.

Después de un rato de hablar de cómo lo estabamos pasando y ese tipo de cosas, la plática comenzó a hacerse un poco más seria, ya que Estrella me preguntó si uno de los chicos y yo teníamos “algo” porque notaba que él no me despegaba la vista cuando estábamos juntos, y ciertas actitudes que tenía hacia mí; le conté que en Abril algo había sucedido durante una fiesta, pero que no prosperó porque preferí mi relación con mi novio.
Así continuó la conversación, pero noté que ella estaba esforzándose por tratar de sacar a flote algo que quería decir, así que directamente le pregunté qué era lo que pasaba, ya que me imaginé que le gustaba éste amigo.
Dudó unos momentos, pero al final, me dijo que tenía algo que decirme, que era necesario que lo hiciera, que si me enojaba y no quería hablarle más, lo entendería. Tomó un respiro, y comenzó a decirme, textualmente, lo siguiente:

“ Luna, hace tiempo que quería hablar contigo, y confesarte que soy less, sé que eso no te causa ningún problema conmigo, pero también tengo que decirte que me gustas demasiado, cuando coincidimos hace unos semestres en las asignaturas, te ví y físicamente me gustaste, pero cuando comencé q conocerte, cómo eres como persona, me gustaste aún más, incluso hasta tu carácter difícil me gusta. Cada tarde te veía llegar a clases y el estómago me daba vuelcos increíbles, cuando te acercabas a saludarme tu aroma me envolvía por completo, escuchar tu risa me pone feliz, tu manera de sentarte, de caminar, y tu sonrisa, hacen que me tiemblen las piernas. No sé si estoy enamorada de ti, pero el gusto que siento por ti es inmenso, he pasado infinidad de noches soñando cómo sería tenerte cerca. Lo siento, tenías que saberlo.”
Yo estaba frente a ella mirándola a los ojos creo que sin parpadear, como en estado de shock; no estaba enojada, pero tampoco sabía qué decirle, qué responder, porque no me había ofendido, es más era de las cosas más bonitas que alguien me ha dicho jamás.

Creo que ella lo notó porque comenzó a acercarse, estaba dispuesta a arriesgarlo todo esa noche, era el momento.
Estabamos sentadas en la cama, y lentamente se acercó, me tomó de un hombro y despacio me empujó para recostarme en la almohada, ella se tiró de costado a mí, y comenzó a acariciar mi cabello.
En ese momento comencé a sentir una serie de estallidos dentro de mí, jamás me imaginé estar en esa situación. De mi cabello pasó a mis hombres, los acariciaba con mucha delicadeza, y eso me encantaba; pasó sus dedos por debajo de los tirantes de mi sostén, y mi respiración comenzó a agitarse.
Se incorporó un poco, para quitarme la camiseta, yo accedí levantando los brazos. Se quedó un instante mirando mis senos y comenzó a rozarlos por encima del sostén, pero no por mucho tiempo porque comenzó a bajar los tirantes de mis hombros, y lo desenganchó del broche delantero. Cuando me lo quitó, me dijo: tienes unos pechos preciosos. Acto seguido volvió a tirarse en la cama y comenzó a acariciármelos, muy suave, desde la base, por los costados, yo sentía cómo mis pezones se endurecían poco a poco, ella también lo notó, así que se acercó aún más a mí y sin dejar de acariciarme, comenzó a lamer uno de ellos con la punta de su lengua, se sentía tan húmeda y tan caliente, que mi excitación aumentó de forma increíble, me estaba encantando lo que me hacía, poco a poco comenzó a ponerse encima mía, tomó mis senos con ambas manos y siguió lamiendo mis pezones, uno después del otro. Yo estaba ya más que excitada, estaba hirviendo, comenzaron a salir gemidos de mi garganta, y sentí que mi bikini estaba prácticamente empapado de mis fluídos.
Al estar sobre mí, puso una de sus piernas entre las mías, así que de inmediato notó también lo mojado de mi bikini e hizo un ruido muy rico como de satisfacción. Me dijo: te está gustando, verdad preciosa? Quiero que lo disfrutes, quiero hacerte gemir como nunca, sólo déjate llevar. No tenía que decírmelo, ya estaba yo rendida hacía mucho.
Volvió a incorporarse y se echó para atrás, se quitó la camiseta y el sostén, tiene unos pechos más pequeños que los míos, pero firmes, bonitos; su piel también es más oscura que las mía, y pude ver sus pezones muy erectos, levanté mis brazos y los acaricié, ella cerró los ojos y sonrió. Me miró a los ojos, y tomó mi bikini por amos extremos tiró de él hacia abajo, despacio, para quitármelo; yo respiraba con mucha dificultad, mi última prenda estaba saliendo, no sabía qué más iba a suceder.
Nuevamente se quedó mirándome cuando me quedé completamente desnuda, me miraba de arriba abajo, por cada costado; con ambas manos comenzó a acariciarme desde los tobillos, subiendo por mis piernas, y al mismo tiempo tendiéndose sobre mí. Con una mano tomó mi barbilla, y me besó, lentamente, suavemente, con mucha pasión. Con el beso fue bajando por mi cuello, hasta llegar nuevamente a mis senos, los besaba, los lamía, les daba pequeños mordiscos húmedos, deliciosos, yo le acariciaba la espalda y los brazos, no sabía qué hacer. Su mano derecha fue bajando sin que su boca dejara de chuparme, hasta llegar a mi vagina.
Jamás pensé que sería capaz de sentir tanto placer, sus dedos, sin separarlos, los frotaba suavemente por encima de mis labios vaginales, y poco a poco fue abriéndolos, despacio, hasta encontrar mi clítoris. Tenía ya la vagina inundada, de tan excitada que estaba, pero cuando comenzó a tocar mi clítoris, mis líquidos fluyeron aún más; abrí las piernas para que pudiera tocarme mejor, y ella volvió a besarme en la boca.
Deslizaba sus dedos y se escuchaba el ruido que hacían con mis fluidos, era delicioso, yo movía mi cadera al rítmo de sus dedos, estaba disfrutándolo de verdad.
De pronto dejó de tocarme, yo abrí los ojos por el corte de las caricias, y me dijo: quieres que te haga el amor?, yo le respondí con la garganta reseca de tanto gemir, que sí, que lo deseaba de verdad.
Se puso de rodillas para quitarse el bikini, mi corazón se aceleró increíblemente al verla tan decidida. Cuando terminó de quitárselo, se puso sobre mí nuevamente, pero ésta vez se acomodó de tal manera que su vagina tocara la mía.
Tuve un estallido de placer cuando sus labios vaginales tocaron los míos, sentí su calor, abrazante, desesperado, estaba también inundada como yo. Con una de sus piernas abrió un poco más las mías, se tendió sobre mí, me besó, y comenzó a mover su cadera contra la mía, tocando mi vagina con la suya, de una manera inconteniblemente deliciosa.
Con mis manos acaricié sus senos todo lo que pude, un deseo muy fuerte me animaba a hacerlo, los besé, lamí sus pezones, quería que también ella disfrutara conmigo.
Era maravilloso escuchar el ruido que hacían nuestros fluidos y los gemidos de ambas.

De pronto comencé a sentir que iba a tener un orgasmo, no podía creerlo, sólo pude cerrar los ojos y sentir cómo llegaba, cómo me invadía todo el cuerpo, haciendo pulsar muy fuerte mi vagina y mis senos; estallé en medio de gemidos que eran cási gritos, y en medio de los besos y las caricias de Estrella.

Aunque fue grandísimo mi orgasmo, no quedé exhausta, al contrario, todavía continué excitada, eso fue algo increíble, jamás lo había experimentado.
Estrella cuando vió que había terminado mi orgasmo, se tiró un poco en la cama, acomodando su cadera de modo que su vagina quedaba totalmente enfrente de la mía, como en una especie de tijera, y comenzó a agitar fuertemente su vagina en la mía; en un momento sentí que también venía su orgasmo, y así fue, la ví echar la cabeza hacia atrás y gemir muy fuerte.

Ya más tranquilas, pude ver que mis muslos estaban escurriendo, así que me fui a dar una ducha, y ella también lo hizo.
Pero al volver a la habitación, creo que ambas seguíamos super excitadas, porque Estrella me quitó la toalla y me tumbó sobre la cama me dijo que le había faltado dárme un regalo, que era lo que más había soñado.
Separó mis piernas y con su lengua comenzó a explorar mi vagina; jamás me había gustado que me hicieran sexo oral, porque mi clítoris es extremadamente sensible, e incluso llega a dolerme, pero ella lo hacía de tal manera que no había dolor; me lamía y me besaba con delicadeza, cási con devoción, y sin esperarlo, estallé en otro orgasmo, no tan intenso como el anterior, pero un orgasmo al fin, delicioso, vibrante.

Estrella se recostó a mi lado un rato, luego nos vestimos para no levantar ninguna suspicacia de los chicos. A ella no le importaría que se lo imaginaran, o que se enteraran pero yo no estoy segura de querer que se sepa lo más mínimo al respecto.

En los días restantes nada volvió a suceder, seguimos con las vacaciones normalmente, pero sentía las miradas de Estrella, los leves roces de vez en cuando.

Ya hemos regresado a la ciudad, no hemos hablado del tema, no sé si volverá a suceder, no sé si sea mi tendencia, porque llevo una vida distinta, al menos la llevaba hasta ese día, pero sí sé que es lo más increíble que he vivido, no me arrepiento.

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Mi secretaria

- El empleo es suyo

Cerró la carpeta con un golpe seco, la dejó encima de la mesa y apoyó ambas manos sobre ella.

- De todos los candidatos usted ha sido el que mejor ha superado todas las pruebas. Creemos que el puesto de jefe de la sección de ventas le vendrá como anillo al dedo. Pero recuerde que en esta empresa somos un equipo. Las individualidades no están bien vistas porque...

Bla, bla, bla. Siempre el mismo cuento. Cada vez que entras a trabajar en una empresa te sueltan las mismas tonterías. ¿Tendrán alguna grabación debajo de la cama diciendo lo mismo todas las noches para aprendérselo de memoria?

El caso es que mientras el encargado de personal no dejaba de hablar, yo me sentía inmensamente contento. Aquel puesto era el más importante que había tenido que desempeñar hasta entonces. Era la primera vez que me asignaban un despacho propio y secretaria personal. Iba a tener a mis órdenes a toda una plantilla de empleados, y lo único que debía de hacer para ascender en la empresa era aumentar en un 10% el nivel de las ventas.

Pocos minutos después, me dirigía hacia lo que para mí era la culminación de una vida de estudios y malos tragos. Había tenido que renunciar a muchas cosas para estar allí. Había pasado por trabajos de mala muerte con el fin de conseguir experiencia y un curriculum. Pero al final lo había conseguido. Cuesta mucho entrar en el mundillo, pero una vez dentro, lo único que puedes hacer es seguir subiendo. Ni siquiera la historia que me habían contado sobre el señor Diez, mi antecesor en el cargo, podía ensombrecer mi ego en aquellos momentos. Según decían, a los pocos meses de estar trabajando allí, el estrés pudo con él. Un día no se presentó a trabajar, y en su lugar envió una nota diciendo que se iba a realizar un viaje por el mundo. Dejó su empleo, a su mujer y a sus tres hijos y nadie le había vuelto a ver.

Mi secretaria no estaba en su sitio. Tenía un pequeñísimo despacho a las puertas del mío, así que nadie podía pasar dentro sin que ella le diera permiso para hacerlo. Pero si no estaba allí, no podría cumplir ese encargo. No quería comenzar siendo duro con ella, pero le daría una pequeña regañina en cuanto pudiera. A los empleados hay que demostrarles la fuerza de carácter de uno. Tienes que causar respeto para que te respeten.

Mi despacho no era enorme, pero desde luego era mayor que cualquier otro sitio donde hubiera trabajado. Incluso era mayor que aquella habitación de mi anterior trabajo donde estábamos metidos siete personas durante todo el día. Miré por el ventanal. La vista era relajante y tranquilizadora. A lo lejos podía distinguir...

- Buenos días

Aquella voz me sobresaltó. Me volví para encontrar a una atractiva mujer de unos treinta años, alta, morena y con un rostro inquietante. Iba vestida con la corrección que aconsejaba la empresa. Una blusa blanca de manga larga, botones abrochados hasta el cuello, falda oscura por encima de las rodillas, medias negras y zapatos de tacón, aunque sin exagerar.

- Buenos días - respondí - Supongo que usted debe de ser...

- ... su secretaria. Mi nombre es Laura. Lamento no haber estado aquí cuando ha llegado usted, pero tenía que hacer unas copias. y mi fotocopiadora se ha estropeado.

La excusa era correcta. No me pareció oportuno reñirla tan pronto, así que opté por ser amable con ella.

- No se preocupe. En lo sucesivo le agradeceré que me avise cuando tenga que ausentarse de su puesto. No soy una persona exigente. Creo que seremos buenos amigos. - a los empleados siempre les gusta que les digan estas cosas - Lo único que deberemos de hacer es trabajar como un equipo.

Cuando me di cuenta de que estaba a punto de recitarle el rollo que me acababa de soltar el encargado de personal, sonreí levemente.

- Bien, señorita Alvarez...

- Laura, por favor.

- De acuerdo, Laura. Por favor, póngame al día.

Resultó ser una empleada muy eficaz. Cumplía todos mis encargos de manera rápida y eficiente. Se amoldó muy bien a mi forma de trabajar. Lo único que yo exijo a mis subordinados es que puedan leerme el pensamiento. Y ella casi lo conseguía muchas veces. Sabía exactamente cuando necesitaba una taza de café. Nunca repetía dos veces la misma excusa a la misma persona. Cuando tenía que quedarme a trabajar hasta tarde, casi siempre se quedaba conmigo para ayudarme. Se adelantaba a mis deseos cuando le pedía información, e incluso cuando no se la pedía. Parecía disfrutar con su empleo. Era correcta en su trabajo y en su forma de ser y de vestir. Nunca llevaba pantalones. Las faldas las prefería cortas. Las medias siempre negras, y los zapatos con un cierto tacón. Me pregunté como una mujer como ella no ascendía en la empresa. Me informé. Llevaba ya varios años trabajando allí, pero parecía estar un tanto gafada. Todos los jefes que le asignaban, al poco tiempo desaparecían, abandonaban la empresa o eran trasladados, así que no pasaba el tiempo suficiente con nadie que pudiera recomendarla para un ascenso.

Una noche, muy tarde, éramos ya las únicas personas trabajando en la empresa. Tenía una operación importante entre las manos y no podía dejarla pasar. Me encontraba cansado, pero al día siguiente tenía que presentar un informe y no podía permitirme el lujo de irme a casa. Como siempre, ella adivinó mis pensamientos y me trajo un café, muy caliente y con dos terrones de azúcar. Mientras lo tomaba noté un cierto sabor agridulce, pero lo achaqué a mi nerviosismo. Aparte de eso, estaba delicioso. A los pocos minutos me encontré cansado. Muy cansado. Terriblemente cansado. Apenas podía mantener los ojos abiertos. La visión se me nublaba por momentos, hasta que mi cabeza cayó sobre los papeles que abarrotaban mi mesa. Lo último que recuerdo fue la borrosa figura de mi secretaria mirándome fijamente desde la puerta del despacho.

Después, la oscuridad.

Cuando desperté estaba solo. Eran las siete de la mañana. Mi cabeza parecía una bombona de butano a punto de explotar y mi visión era un tanto borrosa. Como pude, revisé los papeles. El trabajo estaba ya muy adelantado. La noche anterior lo había dejado casi terminado antes de dormirme.

De dormirme. Sí. Eso fue. El cansancio había podido conmigo y me había dormido. Lo que no entendía era porqué no me había despertado Laura.

Pero eso ya no importaba. Tenía que terminar el informe para llevarlo a gerencia. Me apresuré a ello y en menos de un par de horas lo dejé en la mesa de Laura con una nota para que lo entregara en cuanto llegara. Ya más tranquilo, me senté en mi sillón y me permití el lujo de dar una pequeña cabezadita.

- Buenos días.

Tenía la maldita costumbre de sobresaltarme. Abrí los ojos y me incorporé sobre el sillón para que no se diera cuenta de que me había dormido.

- ¿Ha dormido bien? - Una amplia sonrisa de complicidad se dibujó en su rostro.

- ¿Porque no me despertó anoche?

- Comprobé que el informe ya estaba muy adelantado y no lo consideré necesario. Lleva muchos días trabajando en esto sin descansar, así que decidí dejarle dormir. ¿Hice mal?

Su voz sonaba como la de una niña pequeña cuando quiere ser perdonada por algo que ha hecho y que sabe que no está bien.

La verdad es que, habiendo terminado el trabajo, la cosa ya no tenía mayor importancia.

- No se preocupe, Laura. Ahora lo único que quiero es descansar un poco.

Me sentía enormemente cansado, como si en vez de dormir, me hubiera pasado la noche descargando camiones. Intenté desperezarme. No era algo que soliera hacer delante de mis subordinados, pero por algún motivo, no me importó hacerlo delante de ella. Una pequeña molestia en un costado me impidió hacerlo completamente a gusto. Toqué por allí y encontré un pequeño moretón, como si me hubiera golpeado. No era muy grande, pero dolía horrores. El golpe debió de ser muy fuerte, pero no recordaba haberme dado ninguno.

- Cerraré la puerta e intentaré no pasarle llamadas durante un par de horas. Si quiere echarse un rato en el sofá, le despertaré si viene alguien.

Se dirigió hacia la puerta con unos increíble e insinuantes movimientos de cadera. ¿Siempre se había movido así? Nunca antes me había dado cuenta. La miré de arriba a abajo. Vestía como siempre, elegantemente, con falda y medias negras. Sus piernas, envueltas en maravilloso nylon negro. ¡Dios mío! ¡Que piernas!. Y sus zapatos. Eran maravillosos. Negros, con un tacón de aguja más propio de una fiesta que de unas oficinas. ¿Porqué nunca antes me había fijado en aquellos zapatos? ¿Como había podido no haberme fijado en ella de aquella manera? Con cada movimiento de caderas que realizaba, una palabra se dibujaba en mi cerebro: fóllame, fóllame. Cada paso que daba, cada taconazo que sonaba en el suelo, me parecían los sonidos más maravillosos que pueden provenir del cuerpo de una mujer. Se detuvo en la puerta. Me miró. Sonrió enigmáticamente y la cerró.

Me quedé solo.

Solo con mis pensamientos.

Y en mis pensamientos solo estaba ella.

Me quedé solo con ella.

¿Que diablos me estaba ocurriendo?

Ella no era más que una subordinada. La empresa prohibía tajantemente las relaciones entre sus empleados.

Pero aquellos zapatos...

¿Zapatos? Yo nunca había sido un fetichista. Me gustaban las piernas de las mujeres, claro, y más aún cuando están envueltas en nylon. Pero de ello a lo que había sentido cuando miraba sus zapatos...

De todas las partes del cuerpo de una mujer los pies no eran mis preferidos a la hora de excitarme. Sin embargo, noté que mi pene estaba completamente dispuesto para la batalla. Lo había estado desde que miré sus zapatos.

Me acosté sobre el pequeño sofá que había en el despacho. Intenté dormir, pero no lo conseguí del todo. No podía quitarme aquellos maravillosos zapatos negros de la cabeza.

Medio adormilado, me encontré a mi mismo masturbándome mientras pensaba en ellos.

Me despertó el teléfono un par de horas después. Era Laura para decirme que el gerente quería verme para discutir mi informe. Todavía no había acabado de colgar el teléfono cuando ella entró en el despacho con una pequeña bolsa de aseo en sus manos.

- Aquí encontrará todo lo que necesita para afeitarse y acicalarse un poco. No puede ir a ver al gerente así. Tiene una pinta horrible.

Me miré a mi mismo y comprendí que tenía razón. Toda mi ropa estaba arrugada, e imaginé mi rostro dejando entrever la primera barba de la mañana.

Cuentos eroticos

28/04/2006 20:56 cuentoseroticos Enlace permanente. Cuentos eroticos No hay comentarios. Comentar.

La fe tamien mueve a las tias

Antes de nada quiero dejar claro que yo me consideraba un escéptico hasta este episodio de mi vida. Desde entonces no es que crea en Dios, pero si pienso que existe algo positivamente extraordinario en la naturaleza, con sentido del humor y bien cachondo. La prueba os la ofrezco a continuación.
Hace unos meses entró a trabajar en mi oficina una chica. Aunque tiene un cuerpo bonito no es una belleza despampánate, pero claro, acostumbrado a ver un bosque de pollas todos los días, las formas de esta chica iban haciendo efecto poco a poco y empecé a mirarla con otros ojos. El caso es que el jefe compró un terminal nuevo para ella y lo puso en la única mesa vacía que quedaba, casualmente a mi lado. Con el paso de los días y las horas de trabajo íbamos intimando y a mí me parecía que estaba cada vez más buena. Hace unos días estaba leyendo un relato de control mental y pensaba, vaya tonterías, eso no pasa ni de coña. Pero el caso es que esa misma tarde la chavala me contó una historia de su madre, a quien le había robado el bolso sin saber cómo. Por lo visto había sentido el impulso de darle el bolso a un mangui sin resistencia alguna. Yo me acordé del control mental pero no dije nada. Eso sí, pesé que a lo mejor la debilidad mental es algo que se hereda. Así que medio en broma dije para mis adentros mientras la miraba fijamente "tócate una teta". Y lo creeréis, pero la cosa funcionó. Mi compañera se estrujó la teta como si nadie la viera.

Por supuesto creí que habría sido casualidad y probé otra vez. Ahora pensé, "rescate el coño con la mano izquierda y el cogote con la derecha"; y voila!, también funcionó. El caso es que ella notó algo raro y puso cara de sorprenderse a sí misma haciendo esta postura tan difícil. Me informé de qué era el control mental y para que funcione la "captura psíquica" que así es como se llama esto técnicamente, la víctima no tiene que sospechar manipulación alguna. Por supuesto yo quería follármela cuanto antes, pero para que la cosa no se estropeara en lugar de inducirle pensamientos lujuriosos empecé a enviarle mensajes del tipo "Pedro, o sea yo, es el tío más guapo del universo" "Pedro folla como Dios" "Pedro es la reencarnación de Don Juan Tenorio" etc...

Ya cada vez tenía más ganas de tirármela, así que después de un día bombardeo psíquico con estos mensajes cambié de tercio y empecé a transmitirle otros más fuertes, del tipo. "quiero follarme a Pedro", "necesito su polla", "me la comería entera", etc...

Por la tarde seguí con el mismo rollo y le dije en un descanso que esa noche me quedaría a terminar unas cosas pendientes. Por supuesto ella no dijo nada. A las siete se fueron todos y yo me quede allí maquinando en mi ordenata; pero a las siete y cuarto oí que tocaban a la puerta. Por supuesto era mi compañera. Tenía fe en el método, pero me sorprendió que funcionara tan bien, porque sin mediar palabra se me tiró al cuello y empezó a morderme como un posesa y a decir que me iba a follar como una loca.

Antes de que me diera cuenta ella estaba en pelotas y me desnudaba de manera furiosa. Por supuesto un polvo salvaje era una cosa extraña para mí, pero enseguida le pillé el truco. La senté sobre la mesa, ella abrió las piernas y le metí mi polla de golpe. Creo que me dolió a mi más que a ella, que estaba bien mojada. Pero antes de empezar a bombear dijo: quédate a sí dentro un poco. Y después de unos segundos me hizo sacar mi polla, se puso de rodillas y empezó a chuparla desde los huevos a la punta con toda la lengua. Eso me puso a mil, la tenía tan dura que me dolía pero no tenía ganas de correrme. Así que por fin se metió en la boca mi capullo y empezó a hacer círculos con la lengua alrededor de él. Entonces ya no pude más y me corrí; intenté sacar la polla de su boca pero no me dejo, lo quiero todo dijo, y vaya si se lo comió. Infatigable se sentó de nuevo en la mesa y me dijo: ahora te toca a ti. Así que acerqué una silla y empecé a pasar mi lengua por su raja, mientras me abría paso poco a poco entre el bello de su coño. Por fin llegué a tocar con la punta de mi lengua si clítoris, duro como el mármol pero bien caliente. Me cogió de las orejas y empezó a mover mi cabeza de arriba abajo y de un lado a otro. Luego presionaba mi cara contra su coño, parecía que quisiera meterme dentro, hasta que apretó los muslos y empezó a convulsionarse como una posesa. Todo esto duró unos diez minutos, y claro a mí la polla se me volvió a poner dura. Así que no me lo pensé dos veces. Le di la vuelta a mi compañera, que quedó tumbada sobre la mesa. Le separé las piernas y de nuevo se la metí hasta el fondo. Esta vez no dijo otra cosa que me la follara. Empecé a embestirla. Era una sensación única porque cada vez que empujaba rebotaba contra su perfecto culo. Metí como pude la mano por debajo de su estómago para alcanzar su clítoris y más acompasados seguimos con los nuestros hasta que por fin me corrí de nuevo. En ese momento ella se puso de pie de golpe, mi polla se salió pero cogió mi mano con fuera y no dejó que parara de frotar su coño. Un minutos más tarde se dejó caer hacia a tras, y menos mal que estaba la silla, sino hubiésemos caído al suelo redondos. Estábamos los dos sentados, ella encima de mi sobre la silla, sin decir nada. De repente se dejó caer al suelo y me dijo: voy a limpiar tu preciosa polla, y comenzó a pasar la lengua muy suave.

Nos quedamos un rato así, hasta que por fin dijo: verdad que está muy bien el control mental. Y en ese momento yo me quedé a cuadros y con la duda de quien había comenzado el bombardeo psíquico.

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28/04/2006 20:52 cuentoseroticos Enlace permanente. Cuentos eroticos No hay comentarios. Comentar.

Desvirgue a mi prima por el culo

El relato que les voy a contar es absolutamente verdadero, en lugares y fechas tal cual en los hechos acontecieron, por eso cambiaré el nombre de mi prima, a quien llamaré Liz, por una cuestión de prudencia. Esto se remonta a casi treinta años atrás, cuando era yo un jovencito de 21 años y Liz tenía 22. Liz es hija de un hermano de mi padre, vivió siempre en Bs As y yo vivía por ese entonces en Córdoba. Todos los veranos, su familia venía a Córdoba a pasar sus vacaciones de verano, donde nos jutábamos toda la familia en la casa de mis abuelos, una vieja pero confortable y amplia casona, en las Sierras. A través de muchos veranos, con Liz fuimos haciéndonos íntimos en los juegos de niños al principio y de adolescentes luego. La atracción mutua que sentíamos era inocultable si bien por ese entonces no se nos ocurría ir más allá de un inocente coqueteo y hasta algún besito, muy a escondidas. Eramos primos hermanos y no nos animábamos a intentar otra cosa que no fuera salir juntos a tomar un refresco o ir juntos al río y aprovechar para rozar nuestros cuerpos en el agua. Cuando Liz promediaba los 19 años, hacía ya mucho tiempo que ella acudía a un conservatorio, donde aprendía danzas clásicas. Las danzas habían modelado su cuerpo, delgado y menudo, pero esbelto, de una manera increíble. Su rostro ya tenía las facciones felinas que habrían de distinguirla en adelante. El cabello bien corto, casi como un varoncito, renegrido sobre su rostro blanquísimo, la nariz pequeña y respingona, sus ojos almendrados y casi rasgados, le daban un aire exótico; y su boca ancha, con labios ligeramente carnosos, le otorgaban a Liz un aspecto sensual, enigmático, casi de niña malvada. Pese a ser delgada, tenía hermosos pechos, duros, parados, que resaltaban sobre su figura menuda. La cintura no podía ser más breve y sus piernas eran dos perfectas piezas de gimnasia, torneadas y esbeltas. Pero lo mejor de Liz, por lejos.....era su culo. Un culo redondo, no demasiado ancho, levantado, duro, gimnástico, el que se veía resaltado por la particular manera que tenía mi prima de pararse, siempre muy derecha y hasta casi arqueando la cintura. Todos mis amigos estaban locos por Liz y yo, de manera muy particular. Realmente Liz me volvía loco y ella lo sabía muy bien, jugaba conmigo, incitándome y luego frenándome. Pasábamos veranos enteros, en ese juego perverso de coquetear y luego poner límites...desde luego, los límites me los ponía ella a mí....si de mí hubiese dependido, habría sido muy diferente la historia. Nunca logré pasar de darle un besito, tipo "piquito" casi como robado, a escondidas y luego ella se alejaba, ruborizada...........para luego volver a la carga con más coqueteos que me encendían....pero todo quedaba allí. Cuando tuve 20 años, por razones de estudio debí marcharme a Bs As, viviendo en la casa de mis tíos (los padres de Liz) durante más de tres años. Por ese entonces, yo estaba de novio en Córdoba y Liz en Bs As. Al novio de Liz lo odié desde el primer instante, en gran medida por celos pero también por saber que maltrataba bastante a mi prima, ya que sus peleas eran constantes. Luego habría de enterarme que las peleas entre ambos eran por dos motivos, uno que el novio de Liz quería tener sexo con ella, a lo cual mi prima no accedía y el otro...........por celos hacia mí, ya que su novio sospechaba que entre ambos (Liz y yo) existía mucho más que el simple cariño de primos hermanos. Yo ocupaba el dormitorio de mi primo, quien estaba haciendo, por ese entonces, el servico militar, de modo que casi siempre dormía solo. Liz dormía en el cuarto contiguo y más allá del pasillo, estaba el baño y el dormitorio de mis tíos. La convivencia había reavivado el fuego de la adolescencia entre mi prima y yo, de modo que no dejábamos de seducirnos mutuamente...........pero siempre terminaba todo en eso...coqueteo. Una noche estaba mi prima despidiendo a su novio en la calle y yo ya me había metido en la cama. Escuché cuando Liz entraba a la casa, se dirigía al baño y luego se apareció en mi dormitorio. Llevaba puesto un baby doll cortísimo, abrió lentamente la puerta de mi cuarto y sin encender la luz, preguntó si dormía. Le contesté que estaba despierto, mientras me incorporaba un poco en la cama, como para quedar sentado, mientras apoyaba la almohada contra el respaldo. Me estaba preparando para otra larga charla con mi prima, las que sucedían cada vez que ella se peleaba con su novio y venía a buscar mi hombro para llorar. En la oscuridad Liz se acercó a mi cama, se sentó frente a mí, en el borde y sin mediar prolegómenos me preguntó textualmente "¿Si no hubiéramos sido primos, te habrías enamorado de mí? Con la mayor sinceridad, le respondí de inmediato que yo estaba perdidamente enamorado de ella desde la adolescencia y que el ser primos hermanos me importaba un carajo. No terminé de pronunciar mi frase, cuando Liz me tomó la cara y me estampó el más cálido, dulce y húmedo beso que me dieran en toda la vida. Nos besamos largamente, reiteradamente, mis manos buscaban en su cuerpo pero ella me frenaba...esa noche todo fue largos y apasionados besos, pero no me permitieron seguir más allá. Luego de esa vez, cada noche que estaba yo solo en el dormitorio (la mayoría de las veces), se repetía la ceremonia de verla aparecer a Liz en la oscuridad, en su mínimo baby doll (mientras mis tíos dormían pesadamente en su propio cuarto). Los besos fueron cada vez más apasionados, mis caricias más atrevidas, había llegado a besar esa tetas hermosas que, en la oscuridad, me parecían más blancas y varias veces intenté meter mano por debajo de su tanguita, pero ella inmediatamente me la quitaba del lugar. Estábamos ambos como locos de deseo, pero yo no podía ir más allá de grandes sesiones de franela y calenturas atroces. Sucede que Liz había sido criada con códigos morales extremadamente severos, absurdamente rígidos y hasta fuera de época. Su madre le había inculcado que debía llegar virgen al matrimonio y Liz había decidido que así debía ser. Por nada del mundo me habría de permitir que la acariciara más allá de lo que ella podía excitarse, haciendo gala de un enorme autocontrol. Miles de veces le pedí, insinué, le rogué que hiciéramos el amor, pero siempre recibía la misma negativa....ella quería llegar con su conchita intacta al matrimonio y si bien a mí me parecía una estupidez, para Liz era muy importante.........cosas de la maldita moral. Vivía en una calentura permanente, deseándola de mil formas y ella, percatándose de mi lascivia, seguía ese juego perverso para incitarme y dejarme caliente, caminando literalmente por las paredes. Incluso cuando Liz se bañaba, yo acostumbraba a espiarla por la cerradura. Creo que ella sabía muy bien que yo la espiaba, porque hacía toda una ceremonia parecida a una danza erótica. Cuando estaba bajo el agua de la ducha, se pasaba la mano enjabonada en su concha, siempre bien depilada, y jugaba largo rato con su dedo medio entre los lavios vaginales. Luego enjabonaba su mano otra vez y, girando levemente su cuerpo, para quedar casi de espaldas a la puerta del baño, se pasaba la mano entre las nalgas, en ese culo que me enloquecía de calentura. Incluso se notaba perfectamente cómo se metía el dedo medio, todo enjabonado, dentro de su precioso culito, girándolo y moviéndolo suavemente, hacia afuera y hacia adentro. Yo estaba enloqueciendo de calentura, no recuerdo haberme hecho tantas pajas en mi vida por una mujer, como lo hice en esa época por Liz..........pero seguíamos sin tener sexo...sólo franela. En una de esas tantas noches de apasionados besos en mi dormitorio, en la oscuridad, en lugar de intentar vanamente llegar a su conchita, decidí dedicarme a ese culo que me volvía loco. Cuando quise acariciar su concha, en veces anteriores, había llegado solamente a tocar los poquísimos bellos sin depilar, pero cuando intentaba tocar el clítoris o meterme entre sus labios vaginales, me sacaba la mano y se terminaba el juego. Liz estaba con su acostumbrado baby doll, de modo que esa vez decidí dedicarme a ese culo que me fascinaba. Esa noche pude palpar su culo duro, terso, su piel suave, recorría todo el borde de la tanga, que se metía entre las nalgas y cada vez me aproximaba más a su orificio anal, pasando mi dedo muy cerca de él y sintiendo en mi piel el calor que salía de ese pequeño agujerito. Yo estaba recostado en la cama, boca arriba y Liz sobre mí, con casi todo su cuerpo frotándome, calentándome, enloqueciéndome. En un momento determinado, tomé coraje y le bajé la tanga, solamente la parte de atrás, para dejar su culo libre de toda ropa. Ella no dijo nada, me dejó hacer y siguió besándme en el cuello y las orejas, mientras jadeaba como una hembra en celos. Lentamente bajé mi mano por su raya, hasta llegar al orifico mismo. Liz al principio cerró las piernas y apretó sus nalgas, aprisionando mi dedo medio. Le pedí que se relajara y me dejara hacer y, como por arte de magia, ella abrió un poco sus piernas y aflojó la presión de las nalgas. Posé mi dedo sobre su apretado culito, sintiendo su tersura, su forma de embudo perfecto y su calor. Ya para ese entonces, habiendo tenido yo varias novias con las que practicara el sexo anal, si bien todavía no me consideraba un experto, sabía cómo excitar analmente a una mujer. Comencé a masajearle el esfinter por afuera, haciendo como círculos con mi dedo a la vez que sentía como Liz comenzaba a excitarse de una manera que no lo había experimentado hasta el momento. Jadeaba, gemía, me mordía la oreja y comenzó a moverse rítimicamente, empujando su culo hacia arriba. Cuando hube acariciado lo suficiente ese anillo tan deseado, introduje un poco la punta de mi dedo, que obviamente estaba seco en ese momento. Liz literalmente se volvió loca y empujó su culo hacia arriba para hacer mi penetración más profunda, a la vez que comenzaba ya a gemir de manera que podía ser escuchada por mis tíos, quienes dormían en su habitación. Todo parecía que terminaba en una gran cogida........ pero no. Liz recobró la compostura en forma repentina, se levantó, se acomodó la tanga, se bajó el baby doll y sin decir palabra se marchó a su dormitorio. Yo quedé más loco que nunca, sin poder creer lo que me estaba pasando; eso no podía seguir así....................pero una idea brillante rondaba en mi cabeza. Había descubierto que mi prima tenía una gran sensibilidad anal y pensaba explotar esa característica. A la mañana siguiente, busquá a Liz para tener una charla a solas sobre lo que había pasado la noche anterior y largué con la propuesta de rigor, sabiendo de antemano la respuesta que habría de recibir. En cuanto le propuse salir esa noche e ir a un hotel alojamiento, me conestó un tanto ofuscada que por mucho que yo le gustaba y lo caliente que estaba conmigo, ella quería llegar al matrimonio virgen. Entonces pasé a mi plan. Le pregunté si ella, cuando se refería a llegar virgen lo decía por no tener jamás un encuentro sexual de ningúnn tipo o por mantener su himen sano. Me contestó que ella quería mantener su virginidad para ofrendársela a quien se casara con ella, en la noche de bodas. Más allá de lo estúpido de su argumentación, le seguí la corriente y le dije textualmente "bueno, puedes mantener tu himen sano y a su vez gozar del sexo" la pregunta obvia no se hizo esperar........."¿De qué manera? me dijo, y le contesté.....con sexo anal......al principio se sonrojó y me dije para mis adentros...sonamos, viene la cachetada........pero en cambio se mostró muy interesada sobre obviedades tales como si dolía, si ello no implicaba riesgo alguno de embarazo por la proximidad con la vagina, sobre cuestiones de higiene, etc. Me deshice en serias y aparentemente experimentadas explicaciones y cuando le reiteré que intentáramos tener sexo anal, para así saciar nuestra pasión pero a su vez respetar su decisión de mantener su himen sano...me dijo............"lo voy a pensar y a la tarde te contesto" Las horas que transcurrieron hasta que por fin obtuve el sí, a la tarde, fuero eternas. Le sugerí que se hiciera una pequeña enema, para estar más limpia y a su vez relajada. Me habría encantado hacérsela yo, pero el sólo pensar que al proponérselo podía ser rechazado y arruinar todo lo que seguía, me abstuve de hacerlo. Salí corriendo a una farmacia y compré un pote bastante grande de vaselina. No había en ese entonces esos geles que hay ahora y el único lubricante era la vaselina o la crema. Opté por la vaselina por saber que al no contener perfumes, como las cremas, eran más inocuas. Ya había practicado bastante el sexo anal con algunas novias que tuve antes y me había transformado en un verdero adicto a los culos femeninos. El tema de la lubricación tenía una doble importancia esa noche; por ser la primera vez que Liz tendría esa experiencia, con lo cual no podría hacerle doler o de lo contrario jamás querría intentarlo nuevamente y por una característica de mi anatomía.............tengo una tremenda pija. No quiero vanagloriarme con ello ni querer hacerme el super macho, pero la tengo. Una de las novias que había tenido antes y quien poseía una frondosa experiencia sexual anterior (fue quien me enseñó el arte del sexo anal) me la había medido con una cinta métrica, esas de costurera. 22 cm de largo por 6, 5 de ancho....una pija que si no es bien usada, en lugar de placer, lo ínico que produce es daño. Debía ser particularmente cuidadoso y había aprendido, a la fuerza, a serlo. Esa noche con Liz ni cenamos y nos fuimos directamente a un telo que quedaba a unos diez minutos de la casa de mis tíos. No hubo copas ni café ni nada; directamente al telo, la calentura urgía. Ni recuerdo qué tenía puesto mi prima, esa noche. En cuanto estuvimos dentro de la habitación del hotel, nos fuimos desnudando uno al otro, apresuradamente, hasta quedar ambos en ropa interior, tendidos en la cama. De los besos y caricias, pasamos, en forma tal vez un tanto apresurada, a quitarnos lo último que teníamos puesto. Eramos muy jóvenes, poca experiencia y mucho deseo contenido. Como no tenía mucha fe en poder penetrarla analmente, había comprado una caja de condones y enseguida, muy impacientemente, me quise colocar uno. Liz me miró extrañada y me preguntó para qué me lo ponía...y le contesté que para no dejarla embarazada. Sin decir nada al principio, se dió vuelta en la cama, quedando boca abajo y me contestó...." quedamos que lo hacíamos por atrás, no cambiemos las cosas". Me sentí el tipo más estúpido del mundo en ese momento. Liz había aceptado entregarme ese culo de diosa que me volvía loco y yo ni siqiera iba a intentarlo? Estaba tan nervioso, tenía tanta ansiedad, que no me podía contener. Me acosté encima de ella y mientras la acariciaba y le besaba la nuca, el cuello y le amasaba las tetas (ella boca abajo), mi pija se fue acomodando entre sus nalgas. Liz jadeaba y gemía, pero se la notaba un tanto tensa. En un momento determinado, por los movimientos de los cuerpos, mi pija quedó justo sobre su agujerito, ese culito que me había provocado tantas pajas. No tuve mejor idea que empujar un poquito, apenas como para que entrara la mitad de mi gorda cabezota. Liz pegó un gritito suave y se revolvió en la cama, quitándome de encima. Me dí cuenta que estaba lagrimeando, aunque, después lo supe, más del susto y los nervios que por dolor. Me dije a mí mismo que había hecho dos estupideces consecutivas y que, de seguir así, terminaría aruinando esa bella y ansiada oportunidad de cogerme a mi prima....y por el culo!!!!!! Me calmé, puse música, que hasta ese entonces ni lo había hecho, bajé las luces y me tendí al lado de Liz, quien, toda desnuda, seguía boca abajo, con ese culo soñado apuntando al techo, un tanto nerviosa. Recién allí tomé verdadera conciencia de la belleza de mi prima, al observarla totalmente desnuda, tendida en la cama y poder detenerme en cada rincón de su cuerpo perfecto. Sus curvas marcadas, sin perder delicadeza, parecían más exquisitas por la palidez de su piel; ella me observaba con una sonrisa, espiando de reojo, mirando cómo me regodeaba al recorrer con mi mirada primero y mis manos después, cada centímetro de su cuerpo. La cintura se quebraba hacia arriba, dando comienzo a ese culo que me había quitado el sueño tantos años y que hoy se me entregaba mansamente. Comencé a besarla nuevamente, sin que abandonara la posición de boca abajo; haciendo que girara su cabeza hacia el costado y atrás, mientras yo me montaba encima de ella nuevamente. Besé su cuello, su nuca, con una mano acariciaba sus tetas, mientras con la otra masajeaba sus nalgas. Había decidido poner en práctica todo lo que supiera, para hacer de ese mometo algo inolvidable. Fui bajando por su espalda, besando sus curvas, hasta que llegué a sus nalgas. Al principio, cerró un poco las nalgas, pero luego se relajó, las abrió e incluso abrió un poco las piernas. Posé mi cara en ellas y comencé a besar ese culo soñado, perfecto, túrgido. Bajé por las nalgas hasta el orificio anal y comencé a besarlo. Levemente al principio y con la punta de la lengua después, llenándolo con toda la saliva que pudiera. Noté el calor que tenía mi prima en ese orificio, algo que hasta hoy me sigue llamando la atención. Liz había comenzado a gemir y a levantar, poco a poco, su culo, para favorecer mi trabajo. Luego de un buen rato de lengua y mucha saliva, comencé a meter un dedito, muy despacio, muy lentamente y procurando, por ningún motivo, hacerle doler. Su esfínter se apretaba a mi dedo, como un guante de látex, me aprisionaba y sentía cómo latía, a la vez que notaba un calor en ese lugar, fuera de lo común. Con la otra mano, le acariciaba el clítoris y ya no tenía ninguna prohibición para hacerlo, todo sería en su culo, excepto esas caricias. Cuando Liz comenzó a gemir y a parar más el culo, con signos evidentes de gran excitación, me hunté dos dedos con muchísima vaselina, para lo cual ya tenía el pote a mi lado y abierto. Lentamente le pasé vaselina por todo su anillo, por afuera al principio y ,con un dedo después, por adentro. Esta vez mi dedo se deslizó suave y profundamente, mientras Liz lanzaba un gemido increíble. Así estuve otro buen rato, mi dedo ya casi bailaba en su culo, así que, muy lentamente, comencé a trabajar su esfínter con el segundo dedo, mientras no abandonaba su clítoris con la otra mano. Coloqué más vaselina (tenía mi prima todo el culo brillante, todo aceitoso, un espectáculo lúbrico, especial) y metí lentamente dos dedos, los que fueron aceptados prontamente. Mientras tanto, me pasaba vaselina en la pija, dejándola toda resbalosa, lista para entrar. En un momento pensé en meterle un tercer dedo, pero temí hacerle doler con los nudillos y arruinar todo el paciente trabajo que venía haciendo. La dilatación final, debería hacerla con la pija, con mucha suavidad, para no arruinar todo a esa altura de las circunstancias. Lentamente me monté encima de Liz y le acomodé la pija entre las nalgas. Ella automáticamente se contrajo y cerró las piernas. Le pedí con toda dulzura que las abriera y levantara el culo; así lo hizo y quedó mi pija justo en la puerta de su precioso culito, que ya se mostaraba como un agujero enrojecido y algo abierto, luego de casi media hora de dedos. Sin dejar de acariciarle el clítoris con mi mano derecha, lenta y suavemente fui apretando el glande contra cu culo. En un momento, se abrió paso, entró toda la cabeza y ella gimió. Me quedé inmóvil, casi conteniendo la respiración. Tenía que ser delicado, tenía la pija como de madera, las venas hinchadas, los testículos me dolían de la calentura y la peor parte no había comenzado. Mi pija tiene el mayor grosor justo en la parte media, así que debía seguir lentamente para continuar con la dilatación. Poco a poco su esfínter se fue relajando y comencé un lento mete-saca apenas con la cabeza y un poquito más. Liz gemía, jadeaba y cada vez empinaba más el culo, señal de que le estaba gustando. Estuve varos minutos jugando "con la puntita" hasta que mi prima pareció enloquecerse. Levantó violentamente el culo y se empaló hasta justo la mitad de mi pija. Comezó a dar gritos desesperada y yo me quedé inmóvil. Le pregunté si gritaba de dolor y me dijo, que no, que gritaba de placer, que siguiera así, lentamente ahora y que no le quitara la mano del clítoris. Poco a poco fui empujando, retrocediendo cada tanto, hasta que en un momento dado sentí que el culo de Liz se relajaba totalmente y me tragaba hasta el tronco, mientras ella ya no gemía, sino que gritaba como una loca. No podía creerlo, había metido toda mi pija en ese culo de Diosa de mi prima, lo que había soñado tantos años. Ahora mis pelotas golpeaban contra su concha y ella se revolvía y se retorcía de placer, haciendo la penetración más profunda. Comencé a cogerla como si fuera un experto. Sacaba casi toda la pija de su culo, miraba para abajo para no perderme semejante espectáculo, y se la metía nuevamente hasta el tronco, con movimientos lentos pero muy profundos, obteniendo de ella gritos cada vez más fuertes. Era obvio que esa guacha estaba gozando como una perra y disfrutaba que su primo le rompiera el culo como un animal salvaje. Me deleitaba doblemente ya que estaba cogiendo ese culo que tanto deseé durante años y por otra parte, mezcla de amor, deseos reprimidos y un poco de perversión, le estaba rompiendo el culo a esa diosa que había jugado conmigo y se había regocijado de verme loco de calentura. Afortunadamente siempre fui lento para eyacular, y eso me ayudó a poder esperar a que ella alcanzara su orgasmo. Liz comezó a gritar, jadear, gemir y luego gritar de nuevo, más fuerte, sentía en mi mano derecha, la que le acariciaba el clítoris, que estaba toda mojada y le mordía la nuca, mientras le preguntaba si le gustaba, obteniendo jadeos y más gritos por respuesta. En un momento determinado, mi prima lanzó un largo, profundo grito, que terminó ahogando en la almohada, mientras arqueaba su cuerpo para tragarse hasta al último centímetro de esta larga y gruesa pija. Luego apretó fuertemente las nalgas, aprisionándome allí y sin permitirme moverme, mientras todo su cuerpo comenzó a convulsionarse en violentos espasmos. Su cara hundida en la almohada y sus gritos ahogados, me daban la pauta que estaba teniendo un orgasmo violentísimo. No pude aguantarme más y me descargué en una acabada donde creí que se me iba la vida. Los chorros de semen me salían sin parar y todo un escalofrío me corrió por el cuerpo. Me clavé contra ella lo más profundo que pude y me quedé allí, aprisionado entre sus nalgas, sintiendo sus contracciones en el esfínter, hasta quedar ambos inmóviles, jadeando, transpirados, extasiados. Liz comenzó a sollozar suavemente; con el tiempo aprendería que esa era su forma de expresar sus más fuertes orgasmos. Esa hermosa, bella y al principio difícil iniciación anal a mi prima me marcó para toda la vida. Luego de esa vez, fuimos amantes "anales" durante años. Hicimos de todo lo que se pueda uno imaginar en una cama, menos sexo vaginal. Yo, que ya era un adicto, fanático anal declarado, jamás le insistí con otra cosa y tuve probablemente, la relación más profunda e inolvidable de toda mi vida. Las vueltas del destino me llevaron lejos de ella, luego Liz se casó, según me confesara, con el himen sano y, también ha sido su confesión, jamás ha vuelto a tener los orgasmos que tuviera conmigo y cada noche me sueña, como yo a ella.

También por esas vueltas de la vida, yo estoy viviendo en Bs As, casi treinta años después. La he llamado por teléfono, hemos tomado un café juntos, recordando viejos tiempos. Está tal vez, más hermosa que antes. Estamos hablando de ser nuevamente amantes....aunque ella no está totalmente decidida, porque su marido la controla mucho...........pero prometo que si llegamos a serlo nuevamente, les voy a escribir otro relato.

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Te viole mientras dormías

Hola amigos este relato es real al 100%... sucedió durante el regreso a la universidad mi novia y yo ansiábamos salir a tomar unas copas, pero por cuestiones del trabajo y la escuela no era posible. Un día nos fugamos del trabajo con mentiras y fuimos a tomarnos unas copas, comenzamos por charlar de lo común, por recordar lo que habíamos hecho durante nuestra relación el tiempo fue pasando y las copas se fueron consumiendo cada vez más rápido, yo estaba un poco mareado y ella me dijo ya no poder más y me pidió que nos fuéramos a casa salí a la calle y paré un taxi, ella subió tambaleante y a regañadientes le dije al chofer que nos llevase a su casa, de pronto mi novia perdió sentido con la realidad y se quedó dormida en un profundo sueño yo como soy muy caliente no desaproveché la oportunidad de juguetear un poco con sus senos en el trayecto, le hablaba para que se pusiera cariñosa pero no reaccionaba de pronto le dije al chofer que el destino cambiaba, que nos llevara a mi casa.


Llegamos a mi casa, mi novia aún no sé como, bajó del taxi y se sujetó como pudo de la puerta, entramos a casa tambaleantes alegrados por las copas y al llegar a mi cuarto ella se desplomó sobre la cama de un solo golpe me quedé un rato viendo su hermoso y torneado cuerpo, vi sus carnosas nalgas, grandes y redondas, su breve cintura y sus piernas delgadas, de pronto en su sueño volteó y dejó a la vista sus hermosos y grandes senos, como dos tiernos melones ansiosos de ser devorados y sus pezones, como dos cerezas se marcaban sobre su blusa la besé pero ella estaba tan ebria que ni siquiera despertó, un poco desanimado me hice hacia atrás y recordé que una de sus fantasías, como la de casi todas las mujeres, era ser violada !!!

Comencé por bajar su pantalón y descubrí sus ricas nalgas a flor de piel, traía una delicada tanga de algodón, que casi desaparecía entre esas enormidades empecé a sobarle su trasero e hice a un lado el hilo de su tanga y comencé a lamer su delicioso culo y comencé a meterle los dedos uno a uno, y ella no despertaba, puse su tanga hasta las rodillas y abrí sus piernas y lamí su rajita en busca de su botón para activar el placer metía y sacaba mis dedos de sus agujeros una y otra vez pero ella no despertaba

Entonces me incorporé y supuse que si no sentía eso, no sentía nada y que saco mi vergón del pantalón, que la verdad es grande y grueso, que pongo un poco de saliva en la punta y que la embisto de un solo intento por el culo, ella lanzó un ligero gemido pero en su borrachera no alcanzaba a reaccionar eso fue maravilloso, mi verga hasta el fondo de su trasero y un mete saca constante lo hacía más delicioso ella se quejaba muy quedamente, como si lo estuviera disfrutando, la hice como quise, la trate como una zorra cualquiera, la puse de cucharita, misionero, de chivito en anal, y de vez en cuando veía como su culo cada vez estaba más grande y abierto y eso me calentaba más.

De pronto ella comenzó a reaccionar, y me ordenó que se la sacara del culo y se la metiera por delante y ahí comenzó la verdadera diversión comenzamos a gozar al unísono y empezó a gemir como una verdadera zorra en celo, se la metí y me movía al ritmo que ella me pidiera hasta que por fin enterró sus uñas en mi espalda haciendo evidente un exquisito orgasmo que erizo mi piel, yo saqué mi verga y después de unos cuentos jaloncitos me vine sobre su vientre.. la limpié mientras ella me preguntaba que había pasado.

Mientras escribo este relato, ella se está enterando de la verdad, de cómo la usé y de cómo la violé.

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